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Site: Proyecto Elis - Pádel
Course: Project Elis
Book: Blog
Printed by: Guest user
Date: Thursday, 8 December 2022, 11:45 PM

Description

Our opinions

Is padel a sport for frustrated tennis players?

by Martín Echegaray
martin@proelis.net
@EchegarayM

ME

The question is clear and if we could not qualify it, that is, if we treated it as a closed-ended question (yes / no), in my opinion the answer would then clearly be a yes.

Throughout my life with padel I have heard this question many times, although usually as a strong statement: padel is a sport for frustrated tennis players. Even a journalist once asked me for my opinion about it. The truth is that, I regret to say it for my padel colleagues, I agree with this question. Moreover, I am a witness case.

But deepening a little in the analysis -and justifying myself- perhaps my colleagues will forgive me. Even maybe someone shares my vision. In the first place, we should define well what we call a frustrated tennis player. Let's say it's about who has not reached high rankings (ATP or WTA). The problem, in this case, is that then the sport with the most frustrated tennis players will be the tennis itself, in which those tennis players will continue to insist, either for pure pleasure or because they are coaches and it is their job, and they will continue competing from time to time.

Will it be so bad for a sport to be something like a "deposit" of frustrated athletes in other modalities? Because to tell the truth in padel we not only have frustrated tennis players like me but all kinds of people who did not arrive -or maybe they did- to what they wanted in another sport. And there are also those who are aiming for a bombing and not for that reason they should be labelled chronically frustrated. There are even people who seem to be frustrated at birth, and padel will at least serve to change their faces circumstantially.

In any case, I think it's a great advantage -for padel- to be a physical activity in which people of such different conditions find their moment of glory, fun, or whatever. The truth is that in my childhood, and like many people, I wanted to be an astronaut, and humbly I do not think that neither NASA nor the European Space Agency has lost anything without me, or that for that they should blame tennis -my first preference - to have missed out on some potential Neil Armstrong. And therefore I also believe that tennis - or rather tennis players - should not put the blame on padel for similar reasons.

If I already was a frustrated tennis player when I opted to try padel, I would have done a disservice to tennis by continuing to dishonour him. But speaking more seriously, it is true that padel has certain advantages of ease in terms of its practice, which is remarkable for a racquet sport, and this can cause many people to prefer it to tennis. But I repeat, as far as your practice. Because the 'white sport' has multiple virtues that we padel players probably never enjoy. But no worries.

You guys: who do you want more, Dad or Mom? Do you prefer tennis or padel? I think that the first question, as a crude example, is ridiculous; and the second, unnecessary. My answer to both is: 'both', or in the second case, perhaps, 'it depends'.

As a final conclusion, all those who wish to have fun are welcome to padel. No special abilities are needed, although if you have any, it will be useful. And if you bring with you certain frustrations, in this sport we will accept them and assure you that, in the worst case, they will not increase. Because if you were frustrated with padel, it would become a case study, and I recommend that you consider having it seen by a professional.

M.E.

Bannister, los cuartos de final del WPT Open Alicante 2019 y Obama

El año pasado falleció el neurólogo Roger Bannister, cuyo ejemplo muchos entrenadores en algún momento utilizamos como herramienta de motivación. Lo que hizo famoso a Bannister no fue el mundo de la medicina sino el del atletismo.

En 1954 fue el primer ser humano en correr una milla en menos de 4 minutos. Por aquel entonces los supuestos entendidos en la materia sostenían que eso era imposible de lograr, agregando en algunos casos serias advertencias para la salud de aquellos que lo intentaran. En realidad, visto a la distancia, ¿por qué un número “redondo” iba a ser el límite? Y ¿por qué si el récord hasta ese momento estaba aproximadamente a un segundo de esa marca se afirmaba que sería imposible rebasarla?

Aquel año Bannister supero en un par de segundos la marca anterior y, de paso, rompió ese mito. Y si bien es una anécdota curiosa, el verdadero valor lo aportó algunos meses después. Porque casi inmediatamente después de Bannister, fueron varios los que pusieron su marca por debajo de los 4 minutos, con repetición de Bannister incluida.

Obama¿Y por qué se trata de un ejemplo que motiva? Porque esa pretendida barrera no era fisiológica o física como se sostenía, sino mental. Y cuando alguien logra superarla, entonces el mito se comienza a desvanecer y van proliferando los candidatos. Quizás algo similar haya pasado en las dos primeras rondas del WPT Open'19 de Alicante, en el cuadro masculino. De las ocho primeras parejas (los preclasificados), solamente tres accedieron a los cuartos de final (las parejas 2, 3 y 5). Esto es algo inédito y podría responder a un patrón similar al de Bannister, pero concentrado en el tiempo. Es verdad que en el pádel actual el nivel es parejo y habitualmente decimos que “cualquiera puede ganarle a cualquiera”. Pero si esto fuera tan cierto ¿por qué este tipo de resultados no son tan habituales y se dieron tantos en la misma prueba, algo que nunca había pasado? Seguramente esto tenga que ver con que nuestra mente en ocasiones necesita ejemplos, gente precursora que haya vencido obstáculos que nosotros vimos como infranqueables, ya sea por experiencias previas o por prejuicios adquiridos. Y una vez que vemos que aquello que parecía imposible -o muy improbable- alguien lo ha transformado en un hecho posible, desaparecen nuestras barreras mentales.

Seguramente el Circuito y los resultados se volverán a estabilizar, quizás con algunos cambios en las posiciones de la clasificación, porque este tipo de competiciones premian la regularidad. Pero es un gran dato que el statu quo se vea sacudido por acontecimientos de este tipo. Como dice Pablo Iglesias, “¡Sí se puede!”, aunque antes Obama ya había dicho “Yes, we can!”. Y en ambos casos usaron la frase pronunciada por otros que, como en el caso de Bannister, la gritaron antes.

M. E.

30 punto 2: ¿una nueva generación?

Desde hace muchos años llevo algunas estadísticas relacionadas con la evolución del deporte. A comienzos de este año -marzo de 2019- publiqué un tuit en el que graficaba la evolución de los diez mejores jugadores del ranking masculino a finales de cada temporada durante los últimos 15 años hasta ese momento.

Claramente la tendencia siempre fue ascendente, con algún retroceso menor. Esto fue un indicador de -entre otras cosas- una camada de jugadores de élite que se apoderó de los primeros puestos del ranking. De hecho las variaciones del promedio año tras año fueron bastante menores, sin que esa brecha superase el año de diferencia, precisamente a medida que iban pasando los años para esos jugadores, más o menos. O sea que fue un incremento lógico, al ir “envejeciendo” esa camada.

Sin embargo, en los últimos tres años esa diferencia se fue acrecentando, y los saltos se fueron marcando cada vez más. Evidentemente en 2018 la vuelta al top ten de Juan Martín Díaz con 43 años tuvo un efecto claro en el promedio de edades junto con la presencia de Lamperti y Mieres. Pero ya sin este trío entre los diez mejores de 2019 la edad promedio ha caído hasta los 30,2 años.

Top ten masculino

Y por otra parte la irrupción de Lebrón y Tapia ha servido para llevar este promedio a ser el segundo menor de los últimos 15 años, solamente superado por el promedio de 2005, que fue de 30 años, y cuyo ranking final fue el siguiente:

  • 1) Belasteguín
  • 2) Díaz JM
  • 3) Nerone
  • 4) Reca
  • 5) Auguste
  • 6) Gutiérrez
  • 7) Lahoz
  • 8) Jardim
  • 9) Losada
  • 10) Mieres

Esa gráfica de la evolución del promedio de edades del top ten, entonces, nos está indicando que viene una nueva generación. Teniendo en cuenta además que el promedio de edades de los jugadores entre las posiciones 11 y 20 también es coherente con esta tendencia (30,1 años). Otro factor interesante y que seguramente contribuye a este recambio es la diferencia de edades entre los integrantes de las parejas top. Tomando a las 5 primeras parejas esas diferencias son:

  • 1) Navarro – Lebrón: 6 años
  • 2) Gutiérrez - Sánchez: 2 años
  • 3) Lima – Galán: 10 años
  • 4) Belasteguín – Tapia: 20 años
  • 5) Díaz – Stupaczuk: 18 años

Claramente en la élite, en la cúspide, han ganado quienes apostaron por una combinación de experiencia y juventud. Algo de lo que quizá otros deberían tomar buena nota.

En las chicas

Curiosamente también se da hacia final de año en 2019 que las cinco primeras parejas presentan significativas diferencias en sus edades:

  • 1) Marrero – Ortega: 14 años
  • 2) Salazar – Sánchez: 12 años
  • 3) Nogueira – Josemaría: 18 años
  • 4) Sainz – Triay: 8 años
  • 5) Amatriain – Llaguno: 1 año

Y en cuanto a la edad promedio del top ten, estamos en 31 años, algo que aproximadamente se mantuvo estable a lo largo de los últimos 8 años.

Top ten femenino

Y también en ese rango se encuentra el promedio de las jugadoras entre los puestos 11 y 20 (31,3 años). Sin embargo, y a pesar de este aparente estancamiento en las edades de las jugadoras hay que tener en cuenta que, quizás con una diferencia apreciable con respecto a los hombres, en el pádel femenino de las top 20 hay extremos bastante marcados, por ejemplo entre las edades de Nogueira (41), Navarro (43) o Tenorio (44), y Ortega (22), Sánchez (22), Brea (20) y González (18). Esto indicaría, también en las chicas, una bajada considerable de esas edades promedio de la élite en el corto plazo.

Lo que vendrá

En mi opinión y para finalizar este análisis me queda como incógnita saber si en el corto o medio plazo se incorporarán a estas estadísticas más deportistas no nacidos en Argentina o en España. Sería lo deseable, ya que a día de hoy solamente Nogueira (41 años, Portugal) y Lima (33 años, Brasil) se mantienen en las primeras posiciones.

M.E.


Nota: estas estadísticas son previas al Master WPT 2019

Simply Padel

CoverAvailable on Amazon!

This book is a collection of my experiences in different roles in the world of padel.

I participated in its growth as a professional player in the 1990s in Argentina and experienced its development in Spain first-hand as Technical Director of the Spanish Padel Federation.

I was the National Coach for both countries and I am currently developing an educational platform with specific content for this sport. Much of this experience of more than 30 years is summarized in this book as technical or tactical advice, as well as some recommendations to promote the expansion of the sport through proper management; for this, I present some practical suggestions along with other theoretical approaches.

SimpleMente Pádel

(en Español, segunda edición con gráficos mejorados y una nueva sección de infografías)

Disponible en Amazon

Este libro recoge mis experiencias en diferentes roles relacionados con el pádel. Participé de su crecimiento como jugador profesional en la década de los noventa en Argentina, viví en primera persona su desarrollo en España como Director Técnico de la Federación Española de Pádel, como técnico fui Seleccionador Nacional en ambos países y actualmente desarrollo una plataforma de contenidos de formación específicos para este deporte. Gran parte de esta experiencia de más de 30 años está resumida en este libro a manera de consejos técnicos o tácticos, además de algunas recomendaciones para promover la expansión del deporte a través de una gestión adecuada y para ello expongo algunas sugerencias prácticas junto a otros enfoques teóricos.

Pasión y gloria en el pádel

Esfuerzo

Dos mil veinte. Finaliza la temporada de pádel en un año muy extraño y con tres diferentes rankings del WPT —Race, Sorteos y Congelado—. En estas clasificaciones, a diferencia de otras épocas en nuestro deporte, van y vienen los resultados y no se estabilizan las parejas a pesar de que en muchos casos esos resultados no son nada despreciables. ¿Por qué tanta inquietud?

Mi amigo Diego Pezzoni, Director Técnico de la Federación de Pádel del Principado de Asturias y con quien compartimos contenidos de interés referidos a nuestro trabajo, me pasó hace un tiempo unas interesantes declaraciones de Perico Delgado. En ellas aseguraba sentir que se estaba perdiendo el valor del esfuerzo en el deporte porque se estaba cambiando la definición del éxito: básicamente hoy, decía, o se es un número uno o no se es nadie. No vale ser segundo, o tercero, o simplemente hacerlo cada vez mejor. Este es un tema de largo debate en el mundo del deporte, e incluso más allá. Dicen los que saben que hay diferentes visiones según las culturas, pero que lo que se va imponiendo es pensar que solamente hay lugar en el Olimpo para los números uno.

Curiosamente en el tenis, deporte individualista si los hay, llevamos unos gloriosos años disfrutando del Big 3, como algunos llaman al trío Federer-Nadal-Djokovic (hasta hace no mucho Big 4 con Murray). Pobres los otros que han intentado trascender en esta época, ¿no? Tanto es así que el genial tenista argentino Juan Ignacio Chela en uno de sus tuits, en ocasión del retiro de David Ferrer, lo despidió con esta frase:

"Gracias @DavidFerrer87 por defender y representar a los terrícolas durante tantos años contra los avengers."

Más allá de las bromas está claro que el ejemplo del tenis rompe con esa visión del Mejor casi con carácter de Único. Hoy ni siquiera son dos las bestias, como sucedió con Borg-McEnroe, McEnroe-Lendl, Sampras-Agassi y otras sagas. Hoy son 3 y en un momento fueron 4. Seguramente perderán su condición de líderes pero seguramente también nunca dejarán de ser un ejemplo de cómo llegar a ese liderato.

Considerando además que, por definición, en el puesto de número uno no hay espacio para muchos —ni siquiera para pocos—, ¿qué les queda al resto?

Yo creo que un deportista de alto rendimiento debe preparase para tres etapas de su vida. Quizás la más emotiva sea la de alcanzar el número 1. Otra, más racional, más terrenal, más difícil, es la de mantener ese puesto. Finalmente la etapa en la que —casi— todos los deportistas pasarán gran parte de su vida es en la condición de aspirantes. Con aspiraciones de todo tipo, incluida por supuesto la de ser número uno.

Y a partir de lo dicho por Perico Delgado, ¿qué debe hacer un aspirante? Mi opinión tiene bastante que ver con el actual mundo del pádel, especialmente del masculino —aunque las chicas no se quedan atrás en esto de ser impacientes con los proyectos. Después de un extenso reinado son varios los aspirantes que en años recientes calentaron y por lo visto en los venideros calentarán por turnos el trono. Y algunos de ellos pueden ser considerados jóvenes, con todo lo bueno y con todo lo malo. Pero todos deberían reflexionar y comprobar si —lamentablemente— han cambiado ya su pasión por gloria.

El tema central de la banda sonora de la memorable (no dije buena, sino memorable) película Rocky III es la canción “El ojo del tigre”. Va su segunda estrofa:

So many times, it happens too fast / You trade your passion for glory / Don't lose your grip on the dreams of the past / You must fight just to keep them alive

Si cambiamos rápidamente la pasión por la gloria nos alejaremos de nuestros sueños, y deberíamos luchar por mantenerlos vivos. Este es, más o menos, el espíritu que el grupo responsable del tema -Survivor- pretendió darle a su creación. Algo que encajaba perfectamente con el tema de la película, en la que un Balboa algo aburguesado debía retomar su pasión ante un nuevo desafío.

Pero volviendo al pádel y a la vida real. Amigo aspirante al trono: ¿estás dispuesto a levantarte temprano las veces que haga falta, especialmente cuando te cueste mucho? ¿A salir de casa con mucho frío, quizá con niebla e incluso lluvia? ¿A llegar al club cuando no hay nadie y los cristales chorrean agua? ¿A entrenar en cualquier condición, a que la pelota bote mal, a que no te salgan las cosas bien? ¿A soportar el dolor, la angustia, la bronca? ¿A tener paciencia, resignación, y a saber esperar? ¿A aceptar la derrota, muchas derrotas, y a seguir luchando? ¿A renunciar a ciertos aspectos de la vida, a tener unos hábitos diferentes a los de quienes te rodean? ¿A quejarte poco y a esforzarte mucho? ¿A compartir pasión con un compañero, especialmente en las malas? ¿A ser el elegido para reemplazar a otros que dejan el trono pero que nunca abandonaron esa pasión ni la abandonarán? Y así siguiendo.

Amigo aspirante, si dudaste en alguna de las respuestas es que no estás preparado y probablemente nunca lo estés.

A menudo veo padelistas que entre sus logros mencionan sus fichajes para determinadas marcas, o sus partidos de octavos de final de tal o cual torneo importante, o que les han pedido algunos autógrafos o que tienen no sé cuántos followers de no sé qué red social. Esto ni es gloria ni conduce a la gloria. Porque sin pasión no puede haber gloria. E incluso muchos de los actuales grandes padelistas deberían revisar día a día su nivel de pasión, porque los que se van dejaron el listón muy alto.

Y finalmente hay que aceptar que todos podrán tener pasión, pero no habrá gloria para todos. Es ley de vida. Y lo de tener gloria o no sólo se sabrá al final de un camino, largo y duro, de pasión.

M. E.

El pádel, la paja y el trigo

Paja y trigoSeparar la paja del trigo significa distinguir entre lo útil y lo que no lo es.
Haber vivido muchos años de y por el pádel me permitió distinguir entre ambas cosas -paja y trigo- especialmente en los últimos años en los que una avalancha de información nos llegaba, relacionada con la internacionalización del pádel.
Hace no muchos años, medidos en función del desarrollo normal de un deporte, y al igual que ahora, había muchos titulares afirmando que el pádel se jugaba en muchos lugares diferentes del planeta y también había un optimismo generalizado. Pero eso, en aquel entonces, era paja. Ahora es trigo.
Tantas veces y durante tantos años escuché que el pádel ya se jugaba habitualmente en tantísimos lugares muy esperanzadores como tantas veces comprobé que no eran informaciones verídicas sino interpretaciones benévolas de gente que deseaba creerse sus propias verdades a medias. Esto me convirtió en un escéptico que empezó a poner filtro a todas esas novedades. Ver para creer.
Pero ahora la cosa cambió. Varios indicadores clave certifican que el pádel es una realidad en muchos lugares muy diferentes entre sí, y que además promete en muchos otros. Venta de palas y montaje de pistas son dos variables irrefutables. La demanda de profesionales y servicios es otra. Para mí son suficientes. Antes teníamos el entusiasmo pero no los datos. Ahora podemos dejarnos entusiasmar por lo datos.
¿Pero qué cambió? ¿Antes lo hicimos mal y ahora bien? ¿Antes no teníamos dinero y ahora sí? ¿La televisión? Habrá teorías para todos los gustos. La mía se reduce a una palabra clave: tiempo. Ha pasado el tiempo y no existe ningún deporte que en pocos años se haya hecho masivo al mismo tiempo en muchos lugares. El pádel no era una moda. Teníamos que esperar, simplemente. Claro que hacer las cosas bien y contar con la gente adecuada en los puestos adecuados manejando programas adecuados siempre ayuda y genera atajos. Pero nunca se puede obviar el tiempo de maduración que requiere que un buen proyecto crezca con bases sólidas. Pensar lo contrario, y actuar desesperadamente en consecuencia, es fomentar la paja. Con todo respeto.
M.E.

El 2020 confirma el cambio generacional

Al igual que en los últimos años, he calculado el promedio de edades de los padelistas top ten al finalizar la temporada regular. Gráficamente podemos apreciar lo que está pasando:

Femenino

Masculino

En chicas la tendencia sigue siendo a la baja, por lo que más que un cambio de generación se trata de la confirmación de un cambio paulatino con el acceso de nuevas jugadoras a la lucha entre las mejores, como es el caso de Bea González. Este año el promedio de edad es el más bajo de los últimos 9 años, si bien lo es con una diferencia aproximada de apenas un año con respecto a los últimos tres.

Sin embargo en masculino hay una tendencia bastante más pronunciada. De hecho, este año también aquí se ha dado el promedio de edad más bajo si consideramos en este caso los últimos 17 años, que no es poco. Además, con un salto muy pronunciado en los últimos dos años. Evidentemente el ingreso —la consolidación diría yo— de Tello y Chingotto en reemplazo de Maxi Sánchez y de Matías Díaz en la cima es un dato clave.

En chicos seguramente esta tendencia se atenúe en los próximos años a medida que estos jóvenes comiencen a dejar de serlo al mismo tiempo que mantengan sus resultados, algo que es esperable considerando la solidez y regularidad que están demostrando Galán, Lebrón, Tapia, Tello y Chingotto, especialmente.

En chicas creo que se estabilizará la edad promedio o podría subir aunque también suavemente, a la espera de que el circuito femenino —y todo lo que lo rodea— siga desarrollándose para promover una mayor base de jugadoras aspirantes a desafiar a las actuales líderes.

Y ya saliendo del ámbito de los fríos números y pasando al terreno de los sueños insisto, como el año pasado, en que estaremos mucho mejor cuando aparezcan más banderas diferentes representadas en estos puestos de privilegio. Al tiempo.

M. E.

Pasión y gloria en el pádel

Dos mil veinte. Finaliza la temporada de pádel en un año muy extraño y con tres diferentes rankings del WPT —Race, Sorteos y Congelado—. En estas clasificaciones, a diferencia de otras épocas en nuestro deporte, van y vienen los resultados y no se estabilizan las parejas a pesar de que en muchos casos esos resultados no son nada despreciables. ¿Por qué tanta inquietud?

Mi amigo Diego Pezzoni, Director Técnico de la Federación de Pádel del Principado de Asturias y con quien compartimos contenidos de interés referidos a nuestro trabajo, me pasó hace un tiempo unas interesantes declaraciones de Perico Delgado. En ellas aseguraba sentir que se estaba perdiendo el valor del esfuerzo en el deporte porque se estaba cambiando la definición del éxito: básicamente hoy, decía, o se es un número uno o no se es nadie. No vale ser segundo, o tercero, o simplemente hacerlo cada vez mejor. Este es un tema de largo debate en el mundo del deporte, e incluso más allá. Dicen los que saben que hay diferentes visiones según las culturas, pero que lo que se va imponiendo es pensar que solamente hay lugar en el Olimpo para los números uno.

Curiosamente en el tenis, deporte individualista si los hay, llevamos unos gloriosos años disfrutando del Big 3, como algunos llaman al trío Federer-Nadal-Djokovic (hasta hace no mucho Big 4 con Murray). Pobres los otros que han intentado trascender en esta época, ¿no? Tanto es así que el genial tenista argentino Juan Ignacio Chela en uno de sus tuits, en ocasión del retiro de David Ferrer, lo despidió con esta frase:

"Gracias @DavidFerrer87 por defender y representar a los terrícolas durante tantos años contra los avengers."

Más allá de las bromas está claro que el ejemplo del tenis rompe con esa visión del Mejor casi con carácter de Único. Hoy ni siquiera son dos las bestias, como sucedió con Borg-McEnroe, McEnroe-Lendl, Sampras-Agassi y otras sagas. Hoy son 3 y en un momento fueron 4. Seguramente perderán su condición de líderes pero seguramente también nunca dejarán de ser un ejemplo de cómo llegar a ese liderato.

Considerando además que, por definición, en el puesto de número uno no hay espacio para muchos —ni siquiera para pocos—, ¿qué les queda al resto?

Yo creo que un deportista de alto rendimiento debe preparase para tres etapas de su vida. Quizás la más emotiva sea la de alcanzar el número 1. Otra, más racional, más terrenal, más difícil, es la de mantener ese puesto. Finalmente la etapa en la que —casi— todos los deportistas pasarán gran parte de su vida es en la condición de aspirantes. Con aspiraciones de todo tipo, incluida por supuesto la de ser número uno.

Y a partir de lo dicho por Perico Delgado, ¿qué debe hacer un aspirante? Mi opinión tiene bastante que ver con el actual mundo del pádel, especialmente del masculino —aunque las chicas no se quedan atrás en esto de ser impacientes con los proyectos. Después de un extenso reinado son varios los aspirantes que en años recientes calentaron y por lo visto en los venideros calentarán por turnos el trono. Y algunos de ellos pueden ser considerados jóvenes, con todo lo bueno y con todo lo malo. Pero todos deberían reflexionar y comprobar si —lamentablemente— han cambiado ya su pasión por gloria.

El tema central de la banda sonora de la memorable (no dije buena, sino memorable) película Rocky III es la canción “El ojo del tigre”. Va su segunda estrofa:

So many times, it happens too fast / You trade your passion for glory / Don't lose your grip on the dreams of the past / You must fight just to keep them alive

Si cambiamos rápidamente la pasión por la gloria nos alejaremos de nuestros sueños, y deberíamos luchar por mantenerlos vivos. Este es, más o menos, el espíritu que el grupo responsable del tema -Survivor- pretendió darle a su creación. Algo que encajaba perfectamente con el tema de la película, en la que un Balboa algo aburguesado debía retomar su pasión ante un nuevo desafío.

Pero volviendo al pádel y a la vida real. Amigo aspirante al trono: ¿estás dispuesto a levantarte temprano las veces que haga falta, especialmente cuando te cueste mucho? ¿A salir de casa con mucho frío, quizá con niebla e incluso lluvia? ¿A llegar al club cuando no hay nadie y los cristales chorrean agua? ¿A entrenar en cualquier condición, a que la pelota bote mal, a que no te salgan las cosas bien? ¿A soportar el dolor, la angustia, la bronca? ¿A tener paciencia, resignación, y a saber esperar? ¿A aceptar la derrota, muchas derrotas, y a seguir luchando? ¿A renunciar a ciertos aspectos de la vida, a tener unos hábitos diferentes a los de quienes te rodean? ¿A quejarte poco y a esforzarte mucho? ¿A compartir pasión con un compañero, especialmente en las malas? ¿A ser el elegido para reemplazar a otros que dejan el trono pero que nunca abandonaron esa pasión ni la abandonarán? Y así siguiendo.

Amigo aspirante, si dudaste en alguna de las respuestas es que no estás preparado y probablemente nunca lo estés.

A menudo veo padelistas que entre sus logros mencionan sus fichajes para determinadas marcas, o sus partidos de octavos de final de tal o cual torneo importante, o que les han pedido algunos autógrafos o que tienen no sé cuántos followers de no sé qué red social. Esto ni es gloria ni conduce a la gloria. Porque sin pasión no puede haber gloria. E incluso muchos de los actuales grandes padelistas deberían revisar día a día su nivel de pasión, porque los que se van dejaron el listón muy alto.

Y finalmente hay que aceptar que todos podrán tener pasión, pero no habrá gloria para todos. Es ley de vida. Y lo de tener gloria o no sólo se sabrá al final de un camino, largo y duro, de pasión.

M. E.

Pádel Gatopardo o el maravilloso mundo de los Ramones

Los que vamos siendo más grandes —como yo— recordamos esa frase de Il Gattopardo:

«Si queremos que todo siga igual, necesitamos que todo cambie».

El circuito WPT de 2020, que fue valiente en un año duro y eso se lo debemos a la gente de Damm, dejó una sensación generalizada de que un pádel nuevo había llegado. Lebrón y Galán habían traído una nueva forma de jugar y de entender el deporte. Fuerza, velocidad y potencia —como únicos recursos— venían a reemplazar al pádel táctico clásico. El cambio fue tan radical que el Master final lo terminó ganando un tal... Bela... otra vez. Siendo además reconocido como MVP. Y en el lado de las chicas, por mencionar a alguien, las buenas de Eli y Patty estuvieron a nada de ser finalistas. ¿Entonces? ¿En qué quedamos?

Está muy claro que en el caso de Galán y Lebrón las cualidades saltan a la vista en cada tiro. Pero limitarlos a que son una par de buenos pegadores, ágiles y con mucho alcance no está bien. Para mí son dos de los mejores globeadores que ha habido este año. Pero claro, eso no entra por los ojos. Además, la volea de revés de Galán o los contragolpes liftaditos de Lebrón son sublimes. Entre otras virtudes. En definitiva, que ahí hay técnica clásica de la buena y típicos globos de padelistas de élite. Y ahora sí, podemos sumar que todo eso lo hacen dos que son unas bestias. Es más o menos como escuchar la clásica canción What a Wonderful World de Louis Armstrong, pero esta vez versionada por los Ramones (¡

!).

No deberíamos confundir estilos de juego con diferentes etapas en el deporte. Claro que el deporte cambia, pero no tanto ni tan rápido. Y menos en el pádel, donde las capacidades físicas no son indicadores exclusivos de nivel de juego. De lo contrario no habría jugadores que a los 40 están casi en los mismos puestos del ranking que cuando tenían 20. Y no fueron ni son pocos.

Que en su momento una pareja como Matías Díaz y Cristian Gutiérrez dejara de usar la australiana no significó un cambio que venía para quedarse. Que Lebrón o Bela cambiaran de lado para adaptarse a sus parejas no creo vaya a marcar el inicio de una nueva era de padelistas multipropósito. Poco duró en el caso de Bela y lo de Lebrón respondió en su momento a una necesidad por falta de opciones. Y tampoco es nada nuevo. Lasaigues, Mieres, Icíar Montes o la actual número 1 Lucía Sainz, entre muchos otros, son ejemplos de que esto ha pasado ya en varios momentos del pádel profesional.

George Foreman dijo que el boxeo es como el jazz: cuanto mejor es, menos gente lo aprecia. Y yo creo que el pádel es un poco así. Tenemos que aprender a admirar tanto un remate como una recuperación desde fuera de la pista, pero al mismo nivel —o tal vez más— a un padelista que limpie una jugada desde una posición difícil con un globo que bote a 30 cm del cristal de fondo de sus rivales.

Con respecto a las recuperaciones fuera de pista, por ejemplo, olvidamos que hasta hace no muchos años las puertas eran más estrechas. Y los cambios en los reglamentos son los que sí aceleran los cambios en el deporte. De ahí que sea tan importante vigilarlos. ¿Es que los actuales padelistas son mucho más ágiles, coordinados y vienen con un GPS integrado y por eso salen mucho más y mejor de la pista a recuperar pelotas? Podría ser. Yo me inclino por pensar que tienen algo más de espacio y por lo tanto menos opciones de romperse el cráneo.

Lebrón y Galán han traído un nuevo estilo, por supuesto. Achican muy rápido, proponen siempre el choque, arriesgan las voleas en potencia, efecto y profundidad, y para colmo tienen mucha envergadura, velocidad y potencia y le prenden fuego al remate. ¿Acaso hay toda una generación de jugadores que haga esto mismo con los mismos resultados? No.

Entonces conviven diferentes estilos y no hay un cambio de paradigma. Es más, en esta generación está Di Nenno que representa una excelente versión del pádel más clásico, o Chingotto que tiene antídotos para todos los tiros de sus rivales (pero no para los de su compañero), o el mismo Tello que parece haber pasado de buen padelista y excelente pegador a excelente y completo padelista de la mano de Gaby Reca, o Tapia que representa el estilo que él quiere cuando él quiere. Y en las chicas la ensalada de estilos es igual de rica.

Leyendo este artículo mis colegas técnicos podrán pensar que lo escribo porque me voy haciendo mayor y caigo en la típica añoranza de tiempos pasados. Otros compañeros pensarán que lo escribe alguien que tiene la suerte de haber visto todas las épocas del pádel. Piensen lo que quieran. Pero piensen. Amigos técnicos no compren todo lo que se dice por ahí. Escuchen y sobre todo lean, eso sí. Pero no compren certezas de ocasión, no llevan a ningún lado. Las dudas movilizan más. Y nos obligan a investigar. I + D.

M.E.

La primera muerte de un padelista lo puede convertir en un Rolling Stone

El premio Nobel de Literatura otorgado al cantautor Bob Dylan en 2016 puede ser discutido pero es innegable que las letras de sus canciones tienen múltiples mensajes de peso. De hecho muchas de ellas fueron primero texto y después lírica. Una de ellas, probablemente la mejor, Like a Rolling Stone, escrita hace ya 55 años dice en su tremendo estribillo:

How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone

La canción habla de una persona que, habiéndolo tenido todo, ahora vive un presente de incertidumbre, sin ningún tipo de esplendor y como una trotamundos sin rumbo ni lugar fijo. “Qué se siente al estar sola, sin hogar, como una completa desconocida y vagando por ahí…”. Más o menos, no soy traductor pero se trata de captar la idea.

El mejor tenista argentino hasta el momento, Guillermo Vilas, dijo una vez en una entrevista que escuché que los deportistas de élite tienen dos muertes. La que nos corresponde a todos, y la primera, que es la que sienten cuando cuando dejan de hacer eso por lo que se les reconoce. Me pareció tan interesante que incluí esta reflexión en mi libro SimpleMente Pádel.

Siempre digo que, hasta ahora, el pádel profesional masculino tuvo tres generaciones más o menos bien definidas. La primera, de la que fui parte, durante el Big Bang del pádel en Argentina. La segunda, cuando los que eran unos chavales en aquel momento se mudaron a España, y se sumaron algunos otros. Y la tercera sería la actual, un mix de padelistas de diverso origen. A falta de que se consolide esta última y surja la cuarta generación yo creo que la segunda fue claramente la mejor en cuanto a la calidad de sus exponentes. Bela, Juan, Gaby, Seba, Cristian y otros que se podrán sentir obviados porque no pondré más nombres para ser breve. La mayoría de ellos o se han retirado hace no mucho o no falta mucho para que lo hagan. ¿Qué es y qué será de sus vidas? Porque a los cuarenta y pocos esto recién empieza.

El deporte en general, en su marco institucional, se preocupa —con más o menos interés según las administraciones— por lo que vayan a hacer sus deportistas de élite cuando se transformen en ciudadanos normales. Esto es porque aquello en lo que son especialistas ya no les servirá para casi nada. Y dentro de ese “casi” entra lo de ser técnico en su propio deporte, para lo cual deberá prepararse, o imagen de alguna marca, algo que no a todos satisfará. Pocas posibilidades más, y no muy buenas, si no se ha hecho nada antes para ampliar el horizonte.

Alguno podrá pensar que si estamos hablando de deportes en los cuales sus ganancias le han permitido asegurarse un futuro, problema solucionado. Vale, pero una jubilación a los 40, por más que sea de oro, no sé yo si es lo ideal. El bolsillo lleno está bien, pero la cabeza ocupada también. Y ya si el bolsillo también es un problema sonará la alarma. 

Volviendo al pádel, a los jugadores que van llegando a la última estación de su carrera siempre le surgirán un puñado de preguntas recurrentes. Pero todas relacionadas con el “¿y ahora qué hago?”. Acostumbrados a los aplausos, incluso a las ovaciones, fotos, autógrafos y demás, ¿correrán el riesgo de convertirse en un rolling stone del que habla Dylan?

Hablando de dinero, un tal Charles Kettering fue el inventor que le puso electricidad a las cajas registradoras y también el que dijo una vez que le preocupaba el futuro porque ahí pasaría el resto de su vida. Excelente frase. Los jóvenes padelistas profesionales deberían pensar que hoy mismo ya están construyendo su futuro. Si estudian para tomar después un camino diferente, si se preocupan por cultivar una sana red de contactos que les permita ser útiles trabajando en empresas del sector, si analizan su entorno y aprenden de sus referentes, si aprovechan bien sus tiempos muertos, si leen, si sacan partido a sus viajes, si escogen bien a sus líderes y a sus modelos (“dime con quién andas y te diré quién eres”).

Entre los padelistas de esa generación dorada que hoy están ya buscando el clavo adecuado para colgar su pala hay unos cuantos buenos ejemplos de cómo reconvertirse y sentirse útiles y a gusto. Y en la nueva generación también hay muy buenos ejemplos de gente que ve más allá. Para ellos no es este artículo.

M.E.

El pádel será olímpico cuando lo diga Groucho

Durante el obligado confinamiento de 2020 la mayoría de los técnicos de pádel nos propusimos cambiar la pista por el ordenador para seguir produciendo. Por mi parte, mientras hacía lo que todos, o sea adaptarme, llamé a mi hermano y a Rodri Ovide —con quienes entre otras cosas habíamos promovido juntos el Simposio de Buenos Aires en 2019— para darle cuerpo a algún tipo de formación en línea. Pero un spin-off (como se dice ahora que estamos en la Edad del Netflix) de aquello fue The Padel Project. Lo que pasó es que en esa marea de buenas voluntades aparecieron Marcos del Pilar y Jon García Ariño —fíjense qué par de máquinas— para sumar empuje a algo que en realidad tampoco sabíamos bien de qué iría. De hecho seguimos sin saberlo. Pero mientras nos decidimos y para ir ocupando el tiempo que en realidad no tenemos parimos a Give Me Five! que es una mesa virtual de café donde invitamos a diferentes personalidades con el pádel como excusa. Como guinda, a este pastel se sumó Seba Nerone. Chupate esa mandarina, como se dice en el barrio.

En una de las entrevistas de GM5 charlamos con Luigi Carraro, el presidente de la FIP. Como no podía ser de otro modo el tema del pádel olímpico surgió inmediatamente entre otras cosas porque fue una de las promesas del presidente al asumir. Carraro nos aseguró que el tema estaba avanzado e incluso fue valiente y aventuró una fecha: JJOO de 2024. Supongo que esto fue sin considerar en aquel momento que 2020 y quizás parte de 2021 habrá que tacharlos del calendario, como mínimo.

Yo le insistí en mis reparos porque me parecía que los requisitos para que un deporte ingrese al mundo olímpico están fuera del alcance del pádel actual, nos pongamos como nos pongamos. Sin embargo él explicó que, digamos, es una cuestión bastante más probable de lo que yo pensaba. Ojalá. Carraro me parece un tipo listo.

A mí me gusta pensar que los ideales del olimpismo y el propio movimiento olímpico son cosas muy serias y que precisamente eso hace que sea muy importante trabajar para estar a la altura y ganarse el derecho a formar parte. Y a pesar de todo lo que amo el pádel y del par de granitos de arena que pude haber aportado —sigo trabajando por aportar alguno más— no veo al pádel cumpliendo. Lo siento. Como diría el gran Groucho Marx:

“No quiero pertenecer a un club que acepte gente como yo”

Pero dicho eso, si Carraro avanza avancemos con él todos en fila, a sus órdenes  y sincronizados. Porque las ventajas de ser olímpico son múltiples. Las medallas olímpicas parecen tener algún poder mágico que encandila a todo el mundo, y por dar un ejemplo, las subvenciones deportivas en España son incomparables entre los olímpicos y los no-olímpicos. Y lo mismo en muchos otros países y regiones. O sea que los primeros patrocinadores automáticos serían las administraciones públicas. Y el ámbito privado no se quedaría atrás. No es poco. Pero en condiciones normales esto tendría que ser la consecuencia de un trabajo expansivo, coordinado y bien hecho de muchos años. ¿Lo es?

Todos recordarán la imagen de los JJOO de Sydney 2000 en los que un nadador dio lástima y terminó ovacionado porque casi no avanzaba en el agua. Muchos se siguen riendo. ¿Y nosotros, de qué nos reímos? ¿Acaso no tuvimos Campeonatos del Mundo o de Europa en los que algunos representantes de algunos países tuvieron actuaciones semejantes? Y no precisamente hace un siglo. Nosotros también dimos vergüenza hace relativamente poco. Claro que no en los JJOO, menos mal. Y tampoco parece que estemos muy finos en cuanto a estructuras y marco institucional. ¿Qué tal anduvo el último Mundial en Paraguay?

Lo que menos gente sabe es que aparentemente aquel nadador fracasado luchó, mejoró, se transformó en el entrenador nacional de natación de su país (Guinea Ecuatorial) y en una referencia para la juventud de aquellas latitudes. Tiempo y esfuerzo.

Afortunadamente el pádel avanza a mayor velocidad que muchas otras disciplinas, con paso firme en muchos aspectos, y espero que lleguemos pronto al olimpismo. Cuanto antes, mejor. Pero bien vestidos para la ocasión, de gala si fuera posible.

M.E.

Pádel se escribe con eñe. De momento.

Lo del paddle es muy curioso. Sí, el que se escribe con dos des antes de la ele. Ese es el deporte que dio origen al nombre del nuestro. Primero se lo tomamos prestado —o se lo robamos, no sé qué diría Corcuera al respecto— y después lo españolizamos como pádel justo a tiempo mientras nuestro deporte es dominado por países de habla hispana. Por cierto, ¿hasta cuándo seguiremos los de la «ñ» manteniendo el control? Creo que estamos haciendo grandes esfuerzos por perderlo, pero eso ya es tema de otro artículo.

¿Y por qué es curioso lo del paddle? Porque siendo un deporte mucho más antiguo que el nuestro —aproximadamente se creó en 1900— ha claudicado hace no mucho y se ha rebautizado. Ahora se llama Pop Tennis, por tenis popular. Este deporte que se juega en EEUU aparentemente tuvo una serie de conflictos internos —nosotros jamás caeríamos en eso, ¿no?— incluyendo dos versiones de reglas. Pero la verdadera razón que los llevó al cambio en su denominación, esgrimida por ellos, es la confusión que se creaba con los nombres dada la cantidad de disciplinas similares que se estaban jugando. Supongo que «nuestro pádel» tendrá un porcentaje alto en esa culpa. Pero supongo también que más que la cantidad de nombres el problema potencial era el impulso que justamente el pádel estaba tomando internacionalmente. Eso jugaría en contra del paddle tennis seguramente, si quería seguir llamándose así y a la vez pretendía internacionalizarse también. Por lo que en 2014 se refundaron con rebranding incluido. Bien por ellos.

Por nuestra parte también fuimos inestables con el nombre. Recuerdo que cuando yo empecé a jugarlo en Argentina se llamaba «Paddle Tenis Argentino», nombre que duró muy poco y rápidamente yo ya estaba jugando al paddle (sí, con la palabra inglesa todavía). Y esa doble de antes de la ele se usó durante no pocos años en Argentina y en otros países. Hasta que en 2005 la Real Academia Española mencionó en su Diccionario Panhispánico de Dudas el término pádel. Porque era el que ya se usaba en España para nuestro deporte. Y después, en la 23ª edición —la vigente desde 2014 hasta hoy— lo incluyó en su listado de términos. Pero mucho antes, el grupo de trabajo original de padelistas españoles que después originaría la Federación Española también jugó con el nombre. Como tenían que registrar su organización y el pádel no estaba reconocido administrativamente, usaron la sigla P.A.D.E.L: “promoción de actividades deportivas, educativas y lúdicas”. Bien por ellos también.

Pero a mí hay algo que me parece más curioso todavía. En general, a los deportes cuyo nombre se origina en un término inglés y después se los practica en países con otra lengua, o se les respeta el nombre literalmente (squash), o se los «nacionaliza» (fútbol o, en nuestro caso, pádel). Pero lo que al menos yo no había visto hasta ahora es que el término ya españolizado fuera después asumido por sus «dueños originales». La Federación de Tenis de Gran Bretaña (LTA), por ejemplo, es la que ahora rige los destinos del pádel allí y su sección para nuestro deporte se llama Padel y no Paddle. Antes esa gestión la llevaba otra organización que se llamaba British Padel. Supongo que meterle la tilde ya hubiese sido too much, ¿no?

Pero ahí no queda la cosa. Federación irlandesa: Padel Federation of Ireland; y lo mismo con Australia, EEUU, Canadá. Obviamente ya es una imposición que aceptan todos los países, incluso los que ya estaban en este baile antes de la españolización del nombre, pero podría haber sido de otro modo. En Italia, hasta que el control del pádel lo asumió la federación de tenis seguían usando el término paddle, y hay quienes allí todavía lo usan.

Entonces, pádel viene de paddle que significa algo así como un remo corto con una superficie de madera amplia para desplazar el agua o algo que se asemeje a eso, como por ejemplo la pala que usamos para jugar nosotros y otros deportes similares. Pero atención: nosotros españolizamos pero no tradujimos, como sí hizo el baloncesto. De lo contrario tendríamos que habernos llamado simplemente «pala», por ejemplo, o «tenis con pala». Pero no aclaremos, que oscurece. Sigamos como pádel.

En fin, que con el pádel se ha armado un buen lío lingüístico. Imagino dentro de, digamos, cincuenta años a un hipotético presidente angloparlante de la FIP pensando:

—Why didn’t they call it paddle? Should we change it?

Haré todo lo posible pero, según mis cálculos, llegaré muy justo para escuchar cómo se resolvería esta cuestión. Y quizás si llegara a escucharla con la edad que tendré probablemente no la entendería. Pero si me preguntaran, yo seguiría sin cambios. Las tácticas ganadores, dicen, no se tocan.

M.E.

El Campeonato de Spain de Pádel

El siguiente diálogo es ridículo y poco probable:

— ¡Insisto en que quiero jugar en el equipo de los casados!
— Pero usted es soltero.
— ¡Los voy a denunciar por discriminación!

Este otro diálogo es más ridículo todavía y por lo tanto menos factible:

— ¡Insisto en que quiero jugar en el equipo de los rubios!
— Pero usted es calvo.
— Pero era rubio, tengo fotos.
— ¿Pero si usted ya juega habitualmente en el equipo de los calvos?
— Sí, y ya estoy apuntado ahí, pero quiero jugar también aquí, con los rubios.
— Pero eso no es posible.
— Sí, mi abogado dice que sí, porque de lo contrario me estarían discriminando.
— ¿Pero no le parece que eso no tiene mucho sentido y que tergiversa el espíritu de la competición?
— ¡Claro que no tiene sentido! Pero es lo que me conviene a mí.

Durante 2020 se jugó el Campeonato de España en el WiZink de Madrid, con una cantidad de premios impensada para esta prueba y una organización que hizo que el WPT mirara de reojo, según dicen algunos. Ante esto, aplauso de pie a los responsables, crédito a la FEP, monumento a los que pusieron la pasta y genuflexión para orar por que se repita muchas veces.

En esa edición, una vez más, se presentó la polémica de las nacionalidades porque existe la posibilidad —alta— de que incluso alguien no nacido en España o, más aún, sin la nacionalidad española resultara... Campeón de España. Tan alta es esa posibilidad que ya se ha dado el caso, varias veces. Es interesante tener un campeón nacional made in otro lado. 

En estos momentos en los que parece que tenemos algunos faros morales que quieren orientar en alguna dirección específica nuestras opiniones libres precisamente para que dejen de serlo, o que hay temas que políticamente deben tratarse de manera correcta, justo esta espina está bien clavada y parece que hablar de ello es situarse en algún extremo. O, peor aún, si uno no se decantara podría ser acusado de bastardo equidistante. ¿Y si existiera la posibilidad de analizar el asunto tranquilamente?

Hace un tiempo leí una frase de Paul Auster que, para mí, da en la diana:

«El fútbol es un milagro que permitió a Europa odiarse sin destruirse».

En un mundo globalizado que no deja indiferente a nadie el deporte es probablemente uno de los últimos reductos que nos quedan para defender simbólicamente a «nuestra gente» de los «enemigos» llevando orgullosos nuestra bandera y nuestros signos, haciéndolos prevalecer sobre los de los demás, y demostrando que dejamos todo en el campo de batalla, batiendo al enemigo o siendo estoicamente sometido por el vil invasor. Y después de eso, cuando se disipa el humo de los fuegos, unas buenas cervezas con los adversarios en el tercer tiempo intercambiando camisetas, anécdotas y otras mentiras, cuentas de Instagram y demás. Yo no veo ninguna razón de peso para alterar esto. Pero lo estamos haciendo.

Cuando yo me mudé de Argentina a España y poco tiempo después comencé a trabajar en la Federación Española lógicamente lo primero que tuve que hacer fue estudiar el terreno. Y eso incluye absolutamente todo lo concerniente al deporte en general y al pádel en particular. Todo. Porque el CV que yo traía, en todo caso, me sirvió para que me ofrecieran el trabajo. No me aseguraba hacerlo bien. Y les voy a dar un ejemplo contundente relacionado con el Campeonato de España, precisamente. Por aquel entonces me desayuné con la novedad de que un torneo no es lo mismo que un campeonato. Y eso que yo había jugado cientos de torneos.

En Argentina no existen los campeonatos como en España. Y menos en el pádel. En Argentina se hacen torneos, o como se les quiera llamar. Y en España se hacen campeonatos y también se hacen torneos (o como se les quiera llamar). La diferencia es muy clara en el deporte español pero ignorada por la gente del pádel en Argentina (y quizás en otros países). ¿Y cuál es esa diferencia? Que los campeonatos españoles tienen unas características muy particulares porque fueron concebidos justamente para cumplir con unos objetivos específicos. Una de esas características únicas es que se celebra solamente una vez al año. Derivada de ésta, tienen el objetivo de otorgar a alguien el título de Campeón de España de ese año en particular. Y ese título tiene ventajas muy buenas para los deportistas españoles: becas, subvenciones, la consideración de Deportistas de Alto Nivel —de alcance nacional—o de Alto Rendimiento —de alcance autonómico—, facilidades en las plazas de acceso a estudios o funcionariado, según los casos. No es poco. Ahora bien, supongan que ese aspirante se topa en su camino a la gloria con el mejor del mundo en su deporte, que vive en España disfrutando de todos los derechos que le otorga, por ejemplo, su nacionalidad italiana, o su residencia legal en España, sencillamente. Y además están los nacionalizados españoles (con doble nacionalidad), faltaría más, que en algún caso semanas después de aprovechar su nacionalidad española cambian de rol y juegan en contra de España en una competición internacional. Sí, se puede hacer eso.

El Reglamento de la Federación Internacional establece claramente que un deportista no puede representar a dos países diferentes en competiciones sucesivas. Ante un posible cambio de nacionalidad, deberá esperar un periodo mínimo de equis años entre las competiciones en las que fuera a vestir diferentes equipaciones. Como en cualquier deporte, más o menos. Y esto es así y creo que está bien porque es normal en este mundo nacer y amar una nacionalidad pero a lo largo de la vida mudarse y abrazar también con el mismo cariño a otro país y otra nacionalidad. Pero claro, esas competiciones que menciona el reglamento para condicionar la camiseta que uno se ponga deben ser internacionales (Mundiales, Europeos, etc.). El Reglamento no incluye en los supuestos una competición interna de un miembro asociado, como el Campeonato de España en este caso. Antes sí lo mencionaba. Pero es que el Campeonato de España es una competición, como dije, con un fundamento restrictivo en cuanto a nacionalidades porque busca coronar al mejor español, y no al mejor de los que viven legalmente en España. Dirá alguien: «¡Pero qué barbaridad! Afirmar eso es xenofobia». «¡Pero qué pelotudez!», contestaré yo. «Pelotudo vos», dirá otro, y así siguiendo. Por eso digo que es mejor analizar. Sin calentarnos.

Nací en Argentina y por mis ancestros tengo doble nacionalidad. Conozco y aprovecho las ventajas que esto conlleva y como decidí vivir en España —y tengo espíritu de deportista— acepto todas las normas y las respeto. Pero aprendí a distinguir entre los derechos civiles que me asisten derivados del convenio de nacionalidades (mis antepasados españoles en su momento también se beneficiaron en Argentina) y aquello que va en contra de mis principios y de mi sentido común. Sinceramente no veo discriminación alguna si, por ejemplo, un italiano residente en España —y viceversa— no puede jugar una única competición en todo un año porque esa competición tiene una tradición, una filosofía detrás. Y además unos objetivos administrativos incluso. Podrá jugar TODO lo demás que se le ofrezca, que es mucho y muy variado. La discriminación por nacionalidad es primordial en el deporte y convertir algunas de esas pocas competiciones en open no creo que tenga sentido. Sería absurdo, ilegal, inmoral, etcétera prohibir que cualquier jugador legalmente apto pueda competir en cualquier torneo normal por cuestiones de nacionalidad, o por lo que sea. Pero es que el Campeonato de España no es una competición normal, insisto. Por definición, no es para cualquiera.

Si alguien dijera que el sistema de competiciones en España es muy restrictivo, incluso excesivamente conservador, entonces sería cuestionable y por lo tanto indefendible para mí. Pero hay torneos para tirar al aire en los que cualquiera puede jugar. Menos uno.

En otros deportes a este problema del Campeonato de España lo han medio solucionado dejando participar a todo el mundo pero colgándole la medalla al primero de los españoles que cruce la meta. Y algún iluminado creyó que era la solución perfecta incluso para deportes de simple eliminación como el nuestro, donde a la meta llega sólo una pareja. No es lo mismo que te toque el cuco en primera ronda que en semis, ¿no? ¿Y a quién le colgamos la medalla entonces, al que ya no tiene ni cabeza ni cuello donde colgarla o al que tuvo suerte en el sorteo?

Yo creo que el problema es que el pádel profesional sigue enfrascado en España. Cuando se internacionalice más, y en eso está el pádel, pasarán dos cosas. En primer lugar, habrá menos trotamundos padelistas radicados en países «ajenos». No se solucionará el problema, pero se atenuará. Y en segundo lugar, muchos de los países representados en la Asamblea de la FIP tendrán algún problema similar y le verán las orejas al lobo. Será entonces cuando los herederos de aquellos genios que en 2014 tumbaron la solución más plausible la reincorporen a la Normativa. En aquella asamblea durante el Mundial de 2014 se eliminó de la Normativa FIP —por abrumadora mayoría en contra de España— un artículo que ampliaba la opción de nacionalidad a los campeonatos nacionales de los miembros asociados. Es decir, que obligaba a cualquier deportista con la ventaja de la doble nacionalidad a escoger libremente la que quisiera, pero sólo una de ellas, con la condición de mantenerla después tanto en los Mundiales o Europeos —igual que ahora— como en las pruebas únicas nacionales, o sea en los campeonatos. ¿Tan vejatorio era esto que quitaron? Yo recalcularía, como hace el GPS. 

Hay quienes sostienen que hacer los Campeonatos de España abiertos es necesario porque los profesionales viven de eso y les estaríamos coartando sus posibilidades de trabajo, algo en lo que lógicamente la legislación los ampara. Y este es quizás el argumento de mayor peso a favor de hacerlo. De hecho yo no veo ningún otro, la verdad. Y acá es donde hay que ponerse a hilar fino y, con paciencia y con saliva, ir desgranando el asunto en cada uno de sus matrices y argumentar a favor y en contra, porque hay para todos los gustos.

Mi opinión es que el Campeonato de España open o Campeonato de Spain, así como está ahora, no tiene sentido. Al menos no el que siempre tuvo. Habría que olvidarse de él y transformarlo en un torneo más quizás, o… seguir analizando en busca de alternativas. Pero me parece que mientras lo relacionemos con un tema ideológico —desde la esquina que sea— y no meramente deportivo, estaremos orinando fuera.

Se gana mucho conservando y promoviendo los campeonatos nacionales en los diferentes países y se gana muy poco convirtiéndolos en torneos abiertos.

Tengo doble nacionalidad y soy calvo. Pero sé perfectamente en los equipos en los que debería jugar (si me llamaran, claro).

M.E.

Juan Martín Díaz y la cigarra

Esta nota la escribí hace un tiempo pero ayer, después de haber estado sentado en la silla del coach en el partido de cuartos de final del WPT de Valladolid, pensé que era un buen momento para divulgarla.

«Pasa la vida y el tiempo no se queda quieto…», así comienza la canción Volver a empezar de Alejandro Lerner. Y a los que nos gusta esa canción, a medida que vamos cumpliendo años vamos dándonos cuenta de cómo una frase puede ser tan simple y tan potente a la vez. 28 años pasan rápido.

En 1993 se jugó un importante torneo de pádel en Asunción (Paraguay), un año en el que parecía que el pádel comenzaba a despegar más allá de la Argentina. De hecho llegamos a Paraguay después de haber jugado en Madrid (I Internacionales de Madrid en el Club de Campo) y en Toulouse.

«¿Viste que Ale y Roby perdieron con dos pendejos?», dijo alguno durante los primeros días de aquel torneo. «¡¿Qué?!», respondíamos todos. Que Lasaigues-Gattiker perdieran ya era una novedad, pero que además hubiesen perdido en octavos de final era directamente una mentira. No podía ser que esas dos bestias hubiesen perdido con dos desconocidos. Había que confirmarlo, se necesitaban pruebas. Era imposible que dos chicos de Mar del Plata sin mayores referencias les ganaran. Juan Martín Díaz y Leo Padovani no podían hacer eso. No estaban a la altura. Era una falta de respeto y de consideración hacia los reyes de esa época. Yo supongo que no eran conscientes de lo que hicieron porque en la siguiente ronda les ganaron también a otra pareja casi igual de fuerte: Mariano Lasaigues y el Bebe Auguste. Afortunadamente y justo a tiempo se les pasó el efecto de la pócima que habrán bebido aquella semana porque en semifinales perdieron contra el Mago Sanz y un servidor. Con alguna bola de partido a favor de ellos, y por eso digo lo de justo a tiempo. Menos mal.

«Si le dejás la bola corta al de revés (Leo) te la baja a mil con dos manos y te manda al gastroenterólogo». «El de derecha (Juan) es un zurdito que está loco y no tiene idea de pádel; juega todos tiros de tenis y las que te gana son de pedo (suerte, en la jerga argentina)». Se nota que éramos sabios del pádel.

«La cancha es rapidísima y por eso le pegan de todos lados, pero en cancha lenta no ganarán un partido», decíamos con total seguridad de que conocíamos el futuro. «Parecen buenos pibes».

Éstas eran algunas de las cosas que se decían en esos momentos después de que se hubiese roto el statu quo de resultados habituales.

Casi treinta años después de aquel torneo Juan Martín Díaz, el segundo más ganador de la historia de este deporte pero quizás el más apreciado por el mundo padelero, sigue en la lucha, en otra temporada. Con varias operaciones que transformaron su rodilla en algo difícil de mirar, vuelve a intentarlo. Otra vez.

Yo entiendo perfectamente a los que piensan que él debería ya estar dedicándose a otra cosa para preservar así, intacta en nuestro recuerdo, la imagen de nº1 que de él tenemos. Es una opción, sí. Pero no es lo que va a suceder.

Volviendo al pasado, María Elena Walsh escribió apenas un año después del golpe militar en la Argentina una canción que es una fábula en sí misma, una metáfora de lucha, de superación, de resistencia y, como queda bien decir ahora, de resiliencia. Lindo palabro, que sería algo así como tener una resistencia adaptable a diferentes adversidades. Creo que la letra se ajusta perfectamente a los últimos años de JMD:

Tantas veces me mataron
Tantas veces me morí
Sin embargo estoy aquí
Resucitando
Gracias doy a la desgracia
Y a la mano con puñal
Porque me mató tan mal
Y seguí cantando...

¿Pero es que JMD piensa volver a intentar recuperar su ranking? Vamos a ver, será cabeza dura pero no estúpido. Y además tiene su edad y por lo tanto suficiente criterio. Por otra parte él no va a volver, sino que va a seguir. El ranking es importante, pero secundario. No tiene nada que demostrar pero sí unas cuantas cosas para seguir mostrando. El público lo agradece. Seguirá siendo un rival peligroso, un animal competitivo como pocos, un grano en el c… para más de uno y más de dos. Pero por sobre todas las cosas hará lo que quiere hacer, que no es poco.

Su físico ahora lo acompaña, ha mejorado incluso la técnica de algún golpe como para reemplazar algo de potencia pretérita, ha tenido y tiene compañeros y patrocinios que confían y creen en él. Alcanza y sobra para seguir.

Si alguien lo quiere tomar como ejemplo, bien. Quedará perfecto en el powerpoint sobre motivación para hacer teamwork, mostrar el rumbo a los despistados, y ya de paso pueden poner a Mercedes Sosa interpretando Como la Cigarra de fondo.

Si alguien no lo quiere tomar como ejemplo, bien también. Quedará perfecto en el powerpoint sobre cómo debe asumirse la veteranía y entender la vida de otra manera a la que él la entiende. En este caso El Otoño de Vivaldi quedaría bien y acompañado de algún antidepresivo de algún laboratorio patrocinador en el welcome-pack de la presentación.

Piensen y hagan lo que quieran. Pero piénsenlo y háganlo. Como JMD.

Y ya que escribo sobre música y letras, mientras pensamos si JMD debe hacer una cosa o la otra, miremos el final de la película Joker con la canción That’s Life! sonando de fondo cantada por Sinatra. Esa sí que también es una letra sobre levantarse y seguir. Motivación pura aunque al final a todos, sin excepción, siempre nos espera lo mismo. No se olviden de esto, esfuércense para disfrutar de la vida y sean felices, si pueden. Como JMD.

ME

¿Vas a empezar a jugar al pádel? ¿En serio?

Si te gusta el pádel, como diría McEnroe, «you can’t be serious!». Es un cuasi-deporte en el que cuatro aspirantes a deportistas con sobrepeso, ibuprofenados, con intenso olor a crema muscular, rodilleras y/o coderas, se ponen a darle a la bola hacia arriba tirando globos hasta que se aburren y terminan en el bar. Una modalidad frankenstein híbrida entre el tenis y algunas otras actividades de dudosa calidad, que ni siquiera es olímpica, tiene poca historia y encima está demostrando que es masivamente practicada por mujeres. Por favor, no me hagas reir que se me aflojan los puntos, diría la criatura (de Frankenstein).

El padelista normal es un sedentario vitalicio que al no haber hecho nunca deporte, salvo la meada a distancia, entra al campo y se desenvuelve como si su cuerpo lo controlara alguien desde fuera con un joystick. El padelista, además, se cree hábil en la primera doble pared que resuelve, algo que puede suceder incluso en el segundo o tercer partido. Ahí se agranda e inmediatamente intenta resolver una jugada de contra-pared y se rompe la cabeza con la pala o se calza el rebote de la bola en la frente. O se hace el pro en la red y revienta la bola con un remate con el que también se revienta la espinilla con la pala por no coordinar bien la terminación del golpe. Y encima el rival se la gana. No porque el rival haya perseguido la bola, algo impensado para gente que usa el cuerpo sólo como envase del cerebro, sino porque la bola después de rebotar dos veces no sé dónde, le volvió al centro de su pala. De puro culo. Y al final de esta seguidilla de desastres todos se ríen. Pero, ¡¿de qué se ríen?! Cuando yo jugaba al tenis, por ejemplo, no eras hábil, lo que se dice hábil, hasta que no habías hecho una buena willy sin aplastarte un testículo (que es lo que yo tengo; en el caso de las chicas el problema podía ser mas grave,... o no).

No es serio tampoco, por ejemplo, que este intento de deporte en algunos lados sea controlado por una federación específica de pádel y en otros por la federación de tenis. ¡Pónganse de acuerdo muchachos! ¿O me van a decir que el futuro del pádel es tan prometedor que incluso ha despertado el interés de organizaciones más allá del jueguito este de las paredes? Por favor, otra vez.

Otro despropósito: la raqueta. Ni sus practicantes se ponen de acuerdo en el nombre: raqueta, pala, paleta. Debería venderse en jugueterías y no en tiendas deportivas. Al impactar la bola, la distancia a la mano es tan poca que casi podemos golpearnos los dedos. Algunos técnicos dicen que eso es una ventaja porque hace que el aficionado tenga mayores probabilidades de éxito al darle a la bola. Claro, un deporte de bajo nivel. No me caben dudas de que cualquier pareja de tenistas profesionales, con una pala en la mano, serían capaces de meterse en una pista de pádel y ganarle fácilmente a los padelistas top del momento.

Escuché por ahí que muchos ex-deportistas de otras disciplinas están locos por el pádel. Será por los golpes que se han dado en la cabeza practicando sus deportes anteriores. ¿Qué van a buscar a esa jaula de 20 por 10 metros? ¿Diversión? Además, no es un deporte individual ni es un deporte de equipos. En el primer caso al menos se podría utilizar para promover y entrenar los valores innegables que tiene el individualismo en nuestra sociedad hoy en día, una fuente de innumerables virtudes que nuestros hijos aprecian, por ejemplo, mirando vídeos en redes sociales y emulando a los youtubers y tiktokers. Y al no ser un deporte de equipos queda descartado también como promotor de valores esenciales que se manifiestan en todos los órdenes de la vida: reuniones familiares, comunidades de vecinos, gobiernos de coalición, etcétera. Fíjense que al ser un juego de parejas podría asimilarse al matrimonio como un equipo integrado por dos que debería funcionar a la perfección para conseguir los mejores resultados… a lo largo del tiempo… con paciencia e ilusión. Mejor no profundizar, ¿no?

Como si todo esto fuera poco, es un deporte latino. Sí, latino. Inventado en México y que enloqueció después a argentinos y a españoles. O sea, tercermundista. Cero glamour, sin etiqueta y con expresiones como bandeja, chiquita, viborita. ¿Se imaginan a un Englishman diciendo “did you like my chiquita?” o “I’ll show you my viborita!”? Yo no.

Y no hablemos de las edades promedio. ¿Juegan más adultos que niños? A ver, ¿dónde se ha visto eso? Lo único que falta es que el patrocinador principal sea una cerveza. ¿Pádel?, no me jodas. God DAMM it!

ME

Los adelantados del pádel

En 2002 tuve la suerte y el honor de ser el capitán del equipo masculino argentino en el Campeonato del Mundo de México. Probablemente aquel grupo haya sido el más sólido de la historia en lo que al nivel de sus jugadores se refiere en comparación a todos sus rivales. Recuerdo que antes de la final le pedí a la organización si podíamos guardar un minuto de silencio porque no hacía mucho -en términos de competiciones deportivas oficiales- había fallecido Javier Siro, uno de los mejores jugadores que ha dado la Argentina. Muy joven. Varios de los integrantes de aquella delegación habíamos vivido muchos años de pádel disfrutando de su compañía o sufriéndolo como rival. Ambas cosas en realidad, porque era un fenómeno en ambos roles.

En un momento de su carrera a Sirito le hicieron un reportaje en el que dijo una frase que quedó, al menos para mí, en el recuerdo: “no quiero un pádel gitano”. Si bien esto puede sonar xenófobo, en el contexto en el que Javier lo decía indicaba que lo que él no quería era convertirse en algo así como un nómada del pádel: viajando para siempre. Hay que tener en cuenta que por aquellos momentos, los del reportaje, el pádel argentino estaba todavía en efervescencia. Viajábamos mucho.

Casi veinte años después de aquel minuto de silencio, ese deseo -que se cumplió lamentablemente para él- describe la realidad de muchos de los de su generación. La diáspora de argentinos desparramados por el mundo padelista es increíble y ahora se van sumando españoles. En diferentes pistas, clubes y emprendimientos de todo el mundo lo hispanoargentino destaca. Normalmente ha destacado en lo bueno, aunque no siempre.

Mi trabajo me ha llevado por casi todos los rincones del planeta pádel y resulta inevitable encontrarse con algún argentino o español al mando de algo relacionado con el pádel. En la historia los adelantados eran, más o menos, los que llegaban primero para abrir nuevas rutas o establecer nuevos dominios. Trasladado esto al pádel, nuestros adelantados son aquellos que aceptaron abandonar su entorno para aventurarse hacia otros lugares, y en la mayoría de los casos fueron técnicos, profesores, coaches, monitores, o como se les llame en cada lugar. Porque los jugadores van y juegan, pero vuelven, en general. Pero el técnico «adelantado» es el que decidió seguir ahí cuando se apagó la luz, y siguió ahí cuando se volvió a encender.

Esta red de gente que a menudo no se conocen entre ellos son los que de manera silenciosa han ido construyendo los cimientos de lo que hoy es nuestro deporte. Y seguirán haciéndolo, sumándose además colegas de otros orígenes, precisamente porque ese Matrix del pádel ha funcionado. Ahora el pádel ha roto la inercia y acelera porque son cada vez más los técnicos que se forman y que además se desplazan para satisfacer esa demanda creciente de profesionales que a su vez satisfagan esa sed de pádel que tienen los aficionados que aparecen en masa aquí y allá.

Pero ¿qué es lo que mueve a estas personas? La necesidad, claramente. Pero, ¿cuál de ellas? Porque lo primero que se nos viene a la mente es el aspecto económico. Pero hay muchos que además tienen algo intrínseco que los mueve a aceptar desafíos, a intentar dejar huella, a descubrir nuevos ámbitos. Esto no es para cualquiera. No son pocos los que han estado ya en varios lugares diferentes. A veces porque los han echado de cada uno de ellos, sí. Pero otras tantas, la mayoría, porque han ido sembrando pádel. Contagiándolo.

Conozco a muchos, y me veo tentado a citar a unos cuantos de estos ejemplos, pero prefiero desafiar a que quienes se sientan identificados lo expresen como un comentario a este artículo, al igual que si alguno quisiera rendir tributo a un amigo o conocido que merecería ser mencionado aquí.

Si sabés lo que son las Navidades por Skype, si te lamentaste por no estar allá cuando te necesitaron o por no tenerlos acá cuando los necesitaste, si pasaste la etapa de no ser ya de acá ni de allá, si te volvieron loco con los trámites, si te hiciste amigo de las dudas y de la incertidumbre, entonces sos uno de los adelantados. Probablemente hayas arrastrado con vos a tu pareja o quizás lo hiciste solo. Tal vez hayas formado una nueva famila con alguien de acá y habrá entonces para siempre sillas vacías en las mesas de los domingos de acá y de allá. 

Con todos mis respetos al poeta: padelista no hay camino, se hace camino al andar. Al menos yo, padelista adelantado, te lo agradezco. Porque con tus ganas y con tu garra hiciste grande mi deporte.

ME

Seba no se va

Guillermo Vilas dijo una vez que los deportistas morían dos veces. Una cuando se retiraban y otra, como todos los demás, cuando toca. Esta frase me impactó tanto que la comenté en mi libro Simplemente Pádel. Nuestro deporte va quemando etapas necesarias. Una de ellas es la de almacenar en la memoria a las grandes figuras. Y la que para mí es la mejor generación de padelistas profesionales, la que vino después de la mía, está ocupando cada vez más espacios en ese olimpo particular del pádel. Por nombrar a dos que ya están ahí, el Bebe Auguste está ahora encargado de un enorme proyecto para el desarrollo de nuestro deporte y Gaby Reca es uno de los entrenadores top que, además, gestiona clubes y otros proyectos también orientados a que el pádel pise firme en muchos lugares diversos. Esto certifica que estas bestias no se retiran, simplemente dejan de jugar al pádel. Los hay quienes se retiran de verdad. Es decir, dejan de jugar y además dejan de hacer cosas grandes por este deporte. A veces porque no quieren, y a veces porque no pueden.

Sebastián Nerone no será otro de estos que se retiran y después comienzan a hacer cosas grandes por nuestro deporte. No, él ya comenzó, antes de retirarse como jugador, a ocupar otros espacios y a hacer cosas importantes. Embajador de grandes marcas (Adidas, BMW, Philips), clinician de gran categoría, imagen del Fuencarral (club tradicional de nuestra historia) y el primer gran comentarista que tiene el pádel.

Para mí siempre habrá tres clases de jugadores retirados en el pádel: aquellos que le quedarán debiendo mucho al pádel, los que quedarán más o menos empatados, y después están esos a los que el pádel nunca podrá compensarles sus aportes. Como Seba. Son los marcadores de tendencias, los que impusieron estilos, los que en silencio nos fueron enseñando a todos qué era y cómo debía ser entendido el pádel. Le dieron forma a lo que amamos, crearon los caminos que otros recorrieron. Seba and company, además, lo seguirán haciendo. Por suerte para nosotros. Así que no, Seba no se retira. Eso sería un golpe muy duro para nuestro deporte. Seba simplemente deja de jugar al pádel, lo cual será duro para él durante algunos suspiros. Nada más. Porque su naturaleza es la garra, no la queja. Es un burro de carga que luchará porque tiene ese deseo interno de hacer siempre las cosas lo mejor posible.

Hace casi exactamente 30 años organizamos junto a mi compañero de juego por aquel momento (Gastón Fumiere), mi hermano (el 'Tata' Echegaray) y otro gran jugador de aquella época (Nito Brea) un campus de entrenamiento en el club La Fábrica de Buenos Aires, uno de cuyos propietarios era precisamente el padre del Bebe Auguste. La experiencia fue muy interesante porque éramos 4 jugadores en plena actividad que nunca abandonamos nuestra vertiente formadora. De hecho los 4 coaches de ese campus éramos además los mejores jugadores del grupo, ya que por supuesto también nos metíamos a la pista. El primer día vi a la distancia (el club era muy grande) hacer unos smashes a uno de los «chavales» que había venido de la mano de Nito:

—¿Ese pibe jugó al tenis, no? —pregunté basándome en mi gran ojo clínico al ver la técnica de esos golpes.
—Nunca jugó al tenis, me respondieron.— A la mierda mi ojo clínico.
—Ah, y ¿cómo se llama? — volví a preguntar.
—Sebastián Nerone.

Más de diez años más tarde de aquel primer encuentro Seba y Gaby me ofrecieron que los entrenara en el inicio de lo que sería el circuito profesional español moderno, por decirlo de algún modo. Todo un honor. Y Seba también integró el seleccionado argentino en los dos mundiales en los que yo fui el capitán. Más honor.

Cuento estas cosas para justificar que conozco a Seba desde hace mucho tiempo, y en distintas ocasiones nuestros caminos se cruzaron por diferentes motivos. Sintonía y respeto mutuo derivaron después en amistad. Por lo que evidentemente estoy describiendo a Seba y a sus circunstancias actuales de manera subjetiva. Pero créanme, habrá Nerone para rato.

En definitiva: los amantes de Nerone extrañarán su víbora. Pero Seba, como mínimo, seguirá siendo el comentarista estrella del pádel. Así que dejará de satisfacer a sus amantes con la víbora para hacerlo ahora con la lengua. Erótico el muchacho.

ME

El rey Midas del pádel

Cuenta la leyenda que el rey Midas convertía en oro todo lo que entraba en contacto con su cuerpo y que de hecho esa fue su perdición al no poder comer ni beber aquello que tocaba. A pesar de esta moraleja sobre la codicia habitualmente nos referimos al rey Midas de cualquier ámbito como a aquel que es sinónimo de riqueza y, por lo tanto, de poder en ese campo determinado. Llevado esto al pádel, ¿quién sería el rey Midas del pádel? ¿Quién multiplica el valor de lo que toca? Yo creo que lo conozco.

Estamos viviendo en el pádel profesional -otra vez- unos momentos bastante inestables, por definirlos de algún modo. Y lo que vendrá. Se supone que todos deberíamos invocar eso de remar en el mismo sentido, de apartar las diferencias, de velar por que el pádel crezca, y toda esa sarta de bobadas que no reflejan ni reflejarán nunca la realidad. ¿Por qué acaso esa armonía nunca ha sucedido y siempre ha habido problemas para coordinar planes, ambiciones, objetivos? Porque detrás de todo eso hay seres humanos. “Los dirigentes de pádel siempre buscan su propio beneficio en lugar del beneficio del pádel”. Estupideces que dicen aquellos que generalizan y que harían exactamente lo mismo si estuvieran en el lugar de sus criticados. Hay gente válida, claro que sí, aunque nadie es infalible. Hay dirigentes para todos los gustos, precisamente porque son seres humanos, con todo lo malo y lo bueno que eso significa. Igual que los políticos, habitualmente criticados por quienes en su día a día demuestran que si tuviesen la más mínima oportunidad de ocupar un cargo simplemente batirían récords de inmoralidad. En mi opinión, lo malo no es que un dirigente o un empresario del pádel no tenga escrúpulos, porque más tarde o más temprano tendrá que sentarse a negociar con alguien similar, pero con intereses opuestos, y algo equilibrado saldrá. No, el problema es que sea un inútil y que por lo tanto no tenga lo mínimo indispensable para ocuparse del desarrollo de nuestro deporte. Claro que si además de inútil es inmoral, la cosa se complica.

El World Padel Tour está hoy ante una encrucijada muy interesante. Terminal más que interesante, dirían algunos. Para mí el WPT ha logrado, sin dudas a pesar de las críticas, convertir al pádel profesional en un producto deseado, mediático, espectacular, masivo. Al hilo del mito de Midas alguno podría decir que convirtió el pádel en oro y que precisamente esa fue su perdición, porque ese brillo atrajo a otros reyes a quienes el WPT no supo anticipar, con los que no supo compartir ese tesoro, o que simplemente buscan ahora, con el pádel en estado de gracia, ocupar su lugar monopólico. Ya veremos.

Muchos dicen del WPT que no han sido sólo ellos los responsables de tales logros. Comparto. La realidad siempre es compleja, y no se debería simplificar para que los fanáticos cierren su mente y ovacionen a unos o a otros. Pero el WPT ha marcado un antes y un después objetivamente indiscutible. Dicen también que se han valido del monopolio concedido por los propios jugadores, «en contra de su voluntad» como afirman los detractores. Seguro que no fue a punta de pistola, ¿no? Aunque tal vez sí a base de talonario. Pero «calavera no chilla», como decían en mi barrio. ¿Ha sido el WPT el rey Midas del pádel? En general, las marcas vendieron más, los jugadores ganaron más y lograron más patrocinios, se vendieron más pistas, más pelotas, etc. ¿Esto fue porque la mano del WPT tocó el mercado del pádel?

Los jugadores por su lado y las jugadoras por el suyo se organizaron en su enésimo intento de asociación. Nunca debieron abandonar esa idea, tuviese la forma que tuviese. No solo porque sirve para negociar unos convenios cada equis años, sino porque podría haber servido para muchas cosas más, de manera constante. En el caso de los chicos, así fue durante el boom del pádel profesional en Argentina, hace más de 30 años. «Los jugadores son los principales protagonistas», «sin los jugadores no habría circuito», «los jugadores deben controlar el circuito», son frases que siempre se empiezan a repetir justo cuando se aproximan las fechas de renovación o cuando aparecen ofertas nuevas. Para mí son verdades a medias y como tales hay que tomarlas con pinzas. Un circuito deportivo profesional coherente requiere muchos actores además de los jugadores y jugadoras. Los organizadores, los patrocinadores, las marcas, las instituciones deportivas, las sedes. Claro que alguien puede decir que, salvo los jugadores, todas las demás partes son reemplazables. Bueno, salvo que comiencen a aparecer más fuentes de las cuales surjan más y más padelistas de buen nivel. No lo olvidemos, comúnmente se llama «desarrollo» en la jerga deportiva, y llegará. Pero, ¿son entonces los jugadores el rey Midas del pádel? ¿Fueron ellos los que con sus jugadas provocaron la erupción dorada del pádel?

Varios actores nuevos, o no tanto, aparecieron en el escenario del pádel profesional en los últimos tiempos y buscaron —¿seguirán todos ellos buscándolo?— un lugar como gestores del circuito. Uno de ellos ha irrumpido con mucha fuerza y de la mano de la Federación Internacional. ¿Será nuestro rey Midas definitivo el poderoso catarí con su empresa QSI?¿O lo será la FIP, o su presidente?

Otros pensarán que el rey Midas del pádel no ha llegado porque todavía el pádel no ha impactado con fuerza en Asia, y especialmente en China donde sí se fabrican ya muchas palas. Tal vez cuando allí se juegue masivamente, otros números se manejarán y otros reyes aspirarán a controlar nuestro deporte. O quizás estemos esperando a un rey Midas estadounidense, porque siempre se dice de ellos que sí saben promocionar, gestionar y dominar un deporte si lo hacen suyo.

En mi humilde opinión, ya existe un rey Midas del pádel. Es arrollador, no se detiene y además se rio, se ríe y se seguirá riendo de aquellos que intenten imitarlo o someterlo. Los destruirá y les demostrará que nadie puede con él. Tiene paciencia porque no tiene apuro y sabe que la mayoría de sus seguidores, que son cada vez más, nunca lo abandonarán. Tendrá cada vez más fieles fanáticos que aportarán oro y más oro. El rey Midas del pádel, amigos, es el propio pádel. No se confundan.

M.E.