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Pádel Gatopardo o el maravilloso mundo de los Ramones

Los que vamos siendo más grandes —como yo— recordamos esa frase de Il Gattopardo:

«Si queremos que todo siga igual, necesitamos que todo cambie».

El circuito WPT de 2020, que fue valiente en un año duro y eso se lo debemos a la gente de Damm, dejó una sensación generalizada de que un pádel nuevo había llegado. Lebrón y Galán habían traído una nueva forma de jugar y de entender el deporte. Fuerza, velocidad y potencia —como únicos recursos— venían a reemplazar al pádel táctico clásico. El cambio fue tan radical que el Master final lo terminó ganando un tal... Bela... otra vez. Siendo además reconocido como MVP. Y en el lado de las chicas, por mencionar a alguien, las buenas de Eli y Patty estuvieron a nada de ser finalistas. ¿Entonces? ¿En qué quedamos?

Está muy claro que en el caso de Galán y Lebrón las cualidades saltan a la vista en cada tiro. Pero limitarlos a que son una par de buenos pegadores, ágiles y con mucho alcance no está bien. Para mí son dos de los mejores globeadores que ha habido este año. Pero claro, eso no entra por los ojos. Además, la volea de revés de Galán o los contragolpes liftaditos de Lebrón son sublimes. Entre otras virtudes. En definitiva, que ahí hay técnica clásica de la buena y típicos globos de padelistas de élite. Y ahora sí, podemos sumar que todo eso lo hacen dos que son unas bestias. Es más o menos como escuchar la clásica canción What a Wonderful World de Louis Armstrong, pero esta vez versionada por los Ramones (¡

!).

No deberíamos confundir estilos de juego con diferentes etapas en el deporte. Claro que el deporte cambia, pero no tanto ni tan rápido. Y menos en el pádel, donde las capacidades físicas no son indicadores exclusivos de nivel de juego. De lo contrario no habría jugadores que a los 40 están casi en los mismos puestos del ranking que cuando tenían 20. Y no fueron ni son pocos.

Que en su momento una pareja como Matías Díaz y Cristian Gutiérrez dejara de usar la australiana no significó un cambio que venía para quedarse. Que Lebrón o Bela cambiaran de lado para adaptarse a sus parejas no creo vaya a marcar el inicio de una nueva era de padelistas multipropósito. Poco duró en el caso de Bela y lo de Lebrón respondió en su momento a una necesidad por falta de opciones. Y tampoco es nada nuevo. Lasaigues, Mieres, Icíar Montes o la actual número 1 Lucía Sainz, entre muchos otros, son ejemplos de que esto ha pasado ya en varios momentos del pádel profesional.

George Foreman dijo que el boxeo es como el jazz: cuanto mejor es, menos gente lo aprecia. Y yo creo que el pádel es un poco así. Tenemos que aprender a admirar tanto un remate como una recuperación desde fuera de la pista, pero al mismo nivel —o tal vez más— a un padelista que limpie una jugada desde una posición difícil con un globo que bote a 30 cm del cristal de fondo de sus rivales.

Con respecto a las recuperaciones fuera de pista, por ejemplo, olvidamos que hasta hace no muchos años las puertas eran más estrechas. Y los cambios en los reglamentos son los que sí aceleran los cambios en el deporte. De ahí que sea tan importante vigilarlos. ¿Es que los actuales padelistas son mucho más ágiles, coordinados y vienen con un GPS integrado y por eso salen mucho más y mejor de la pista a recuperar pelotas? Podría ser. Yo me inclino por pensar que tienen algo más de espacio y por lo tanto menos opciones de romperse el cráneo.

Lebrón y Galán han traído un nuevo estilo, por supuesto. Achican muy rápido, proponen siempre el choque, arriesgan las voleas en potencia, efecto y profundidad, y para colmo tienen mucha envergadura, velocidad y potencia y le prenden fuego al remate. ¿Acaso hay toda una generación de jugadores que haga esto mismo con los mismos resultados? No.

Entonces conviven diferentes estilos y no hay un cambio de paradigma. Es más, en esta generación está Di Nenno que representa una excelente versión del pádel más clásico, o Chingotto que tiene antídotos para todos los tiros de sus rivales (pero no para los de su compañero), o el mismo Tello que parece haber pasado de buen padelista y excelente pegador a excelente y completo padelista de la mano de Gaby Reca, o Tapia que representa el estilo que él quiere cuando él quiere. Y en las chicas la ensalada de estilos es igual de rica.

Leyendo este artículo mis colegas técnicos podrán pensar que lo escribo porque me voy haciendo mayor y caigo en la típica añoranza de tiempos pasados. Otros compañeros pensarán que lo escribe alguien que tiene la suerte de haber visto todas las épocas del pádel. Piensen lo que quieran. Pero piensen. Amigos técnicos no compren todo lo que se dice por ahí. Escuchen y sobre todo lean, eso sí. Pero no compren certezas de ocasión, no llevan a ningún lado. Las dudas movilizan más. Y nos obligan a investigar. I + D.

M.E.