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La primera muerte de un padelista lo puede convertir en un Rolling Stone

El premio Nobel de Literatura otorgado al cantautor Bob Dylan en 2016 puede ser discutido pero es innegable que las letras de sus canciones tienen múltiples mensajes de peso. De hecho muchas de ellas fueron primero texto y después lírica. Una de ellas, probablemente la mejor, Like a Rolling Stone, escrita hace ya 55 años dice en su tremendo estribillo:

How does it feel
How does it feel
To be on your own
With no direction home
Like a complete unknown
Like a rolling stone

La canción habla de una persona que, habiéndolo tenido todo, ahora vive un presente de incertidumbre, sin ningún tipo de esplendor y como una trotamundos sin rumbo ni lugar fijo. “Qué se siente al estar sola, sin hogar, como una completa desconocida y vagando por ahí…”. Más o menos, no soy traductor pero se trata de captar la idea.

El mejor tenista argentino hasta el momento, Guillermo Vilas, dijo una vez en una entrevista que escuché que los deportistas de élite tienen dos muertes. La que nos corresponde a todos, y la primera, que es la que sienten cuando cuando dejan de hacer eso por lo que se les reconoce. Me pareció tan interesante que incluí esta reflexión en mi libro SimpleMente Pádel.

Siempre digo que, hasta ahora, el pádel profesional masculino tuvo tres generaciones más o menos bien definidas. La primera, de la que fui parte, durante el Big Bang del pádel en Argentina. La segunda, cuando los que eran unos chavales en aquel momento se mudaron a España, y se sumaron algunos otros. Y la tercera sería la actual, un mix de padelistas de diverso origen. A falta de que se consolide esta última y surja la cuarta generación yo creo que la segunda fue claramente la mejor en cuanto a la calidad de sus exponentes. Bela, Juan, Gaby, Seba, Cristian y otros que se podrán sentir obviados porque no pondré más nombres para ser breve. La mayoría de ellos o se han retirado hace no mucho o no falta mucho para que lo hagan. ¿Qué es y qué será de sus vidas? Porque a los cuarenta y pocos esto recién empieza.

El deporte en general, en su marco institucional, se preocupa —con más o menos interés según las administraciones— por lo que vayan a hacer sus deportistas de élite cuando se transformen en ciudadanos normales. Esto es porque aquello en lo que son especialistas ya no les servirá para casi nada. Y dentro de ese “casi” entra lo de ser técnico en su propio deporte, para lo cual deberá prepararse, o imagen de alguna marca, algo que no a todos satisfará. Pocas posibilidades más, y no muy buenas, si no se ha hecho nada antes para ampliar el horizonte.

Alguno podrá pensar que si estamos hablando de deportes en los cuales sus ganancias le han permitido asegurarse un futuro, problema solucionado. Vale, pero una jubilación a los 40, por más que sea de oro, no sé yo si es lo ideal. El bolsillo lleno está bien, pero la cabeza ocupada también. Y ya si el bolsillo también es un problema sonará la alarma. 

Volviendo al pádel, a los jugadores que van llegando a la última estación de su carrera siempre le surgirán un puñado de preguntas recurrentes. Pero todas relacionadas con el “¿y ahora qué hago?”. Acostumbrados a los aplausos, incluso a las ovaciones, fotos, autógrafos y demás, ¿correrán el riesgo de convertirse en un rolling stone del que habla Dylan?

Hablando de dinero, un tal Charles Kettering fue el inventor que le puso electricidad a las cajas registradoras y también el que dijo una vez que le preocupaba el futuro porque ahí pasaría el resto de su vida. Excelente frase. Los jóvenes padelistas profesionales deberían pensar que hoy mismo ya están construyendo su futuro. Si estudian para tomar después un camino diferente, si se preocupan por cultivar una sana red de contactos que les permita ser útiles trabajando en empresas del sector, si analizan su entorno y aprenden de sus referentes, si aprovechan bien sus tiempos muertos, si leen, si sacan partido a sus viajes, si escogen bien a sus líderes y a sus modelos (“dime con quién andas y te diré quién eres”).

Entre los padelistas de esa generación dorada que hoy están ya buscando el clavo adecuado para colgar su pala hay unos cuantos buenos ejemplos de cómo reconvertirse y sentirse útiles y a gusto. Y en la nueva generación también hay muy buenos ejemplos de gente que ve más allá. Para ellos no es este artículo.

M.E.