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El pádel será olímpico cuando lo diga Groucho

Durante el obligado confinamiento de 2020 la mayoría de los técnicos de pádel nos propusimos cambiar la pista por el ordenador para seguir produciendo. Por mi parte, mientras hacía lo que todos, o sea adaptarme, llamé a mi hermano y a Rodri Ovide —con quienes entre otras cosas habíamos promovido juntos el Simposio de Buenos Aires en 2019— para darle cuerpo a algún tipo de formación en línea. Pero un spin-off (como se dice ahora que estamos en la Edad del Netflix) de aquello fue The Padel Project. Lo que pasó es que en esa marea de buenas voluntades aparecieron Marcos del Pilar y Jon García Ariño —fíjense qué par de máquinas— para sumar empuje a algo que en realidad tampoco sabíamos bien de qué iría. De hecho seguimos sin saberlo. Pero mientras nos decidimos y para ir ocupando el tiempo que en realidad no tenemos parimos a Give Me Five! que es una mesa virtual de café donde invitamos a diferentes personalidades con el pádel como excusa. Como guinda, a este pastel se sumó Seba Nerone. Chupate esa mandarina, como se dice en el barrio.

En una de las entrevistas de GM5 charlamos con Luigi Carraro, el presidente de la FIP. Como no podía ser de otro modo el tema del pádel olímpico surgió inmediatamente entre otras cosas porque fue una de las promesas del presidente al asumir. Carraro nos aseguró que el tema estaba avanzado e incluso fue valiente y aventuró una fecha: JJOO de 2024. Supongo que esto fue sin considerar en aquel momento que 2020 y quizás parte de 2021 habrá que tacharlos del calendario, como mínimo.

Yo le insistí en mis reparos porque me parecía que los requisitos para que un deporte ingrese al mundo olímpico están fuera del alcance del pádel actual, nos pongamos como nos pongamos. Sin embargo él explicó que, digamos, es una cuestión bastante más probable de lo que yo pensaba. Ojalá. Carraro me parece un tipo listo.

A mí me gusta pensar que los ideales del olimpismo y el propio movimiento olímpico son cosas muy serias y que precisamente eso hace que sea muy importante trabajar para estar a la altura y ganarse el derecho a formar parte. Y a pesar de todo lo que amo el pádel y del par de granitos de arena que pude haber aportado —sigo trabajando por aportar alguno más— no veo al pádel cumpliendo. Lo siento. Como diría el gran Groucho Marx:

“No quiero pertenecer a un club que acepte gente como yo”

Pero dicho eso, si Carraro avanza avancemos con él todos en fila, a sus órdenes  y sincronizados. Porque las ventajas de ser olímpico son múltiples. Las medallas olímpicas parecen tener algún poder mágico que encandila a todo el mundo, y por dar un ejemplo, las subvenciones deportivas en España son incomparables entre los olímpicos y los no-olímpicos. Y lo mismo en muchos otros países y regiones. O sea que los primeros patrocinadores automáticos serían las administraciones públicas. Y el ámbito privado no se quedaría atrás. No es poco. Pero en condiciones normales esto tendría que ser la consecuencia de un trabajo expansivo, coordinado y bien hecho de muchos años. ¿Lo es?

Todos recordarán la imagen de los JJOO de Sydney 2000 en los que un nadador dio lástima y terminó ovacionado porque casi no avanzaba en el agua. Muchos se siguen riendo. ¿Y nosotros, de qué nos reímos? ¿Acaso no tuvimos Campeonatos del Mundo o de Europa en los que algunos representantes de algunos países tuvieron actuaciones semejantes? Y no precisamente hace un siglo. Nosotros también dimos vergüenza hace relativamente poco. Claro que no en los JJOO, menos mal. Y tampoco parece que estemos muy finos en cuanto a estructuras y marco institucional. ¿Qué tal anduvo el último Mundial en Paraguay?

Lo que menos gente sabe es que aparentemente aquel nadador fracasado luchó, mejoró, se transformó en el entrenador nacional de natación de su país (Guinea Ecuatorial) y en una referencia para la juventud de aquellas latitudes. Tiempo y esfuerzo.

Afortunadamente el pádel avanza a mayor velocidad que muchas otras disciplinas, con paso firme en muchos aspectos, y espero que lleguemos pronto al olimpismo. Cuanto antes, mejor. Pero bien vestidos para la ocasión, de gala si fuera posible.

M.E.