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Our opinions

El Campeonato de Spain de Pádel

El siguiente diálogo es ridículo y poco probable:

— ¡Insisto en que quiero jugar en el equipo de los casados!
— Pero usted es soltero.
— ¡Los voy a denunciar por discriminación!

Este otro diálogo es más ridículo todavía y por lo tanto menos factible:

— ¡Insisto en que quiero jugar en el equipo de los rubios!
— Pero usted es calvo.
— Pero era rubio, tengo fotos.
— ¿Pero si usted ya juega habitualmente en el equipo de los calvos?
— Sí, y ya estoy apuntado ahí, pero quiero jugar también aquí, con los rubios.
— Pero eso no es posible.
— Sí, mi abogado dice que sí, porque de lo contrario me estarían discriminando.
— ¿Pero no le parece que eso no tiene mucho sentido y que tergiversa el espíritu de la competición?
— ¡Claro que no tiene sentido! Pero es lo que me conviene a mí.

Durante 2020 se jugó el Campeonato de España en el WiZink de Madrid, con una cantidad de premios impensada para esta prueba y una organización que hizo que el WPT mirara de reojo, según dicen algunos. Ante esto, aplauso de pie a los responsables, crédito a la FEP, monumento a los que pusieron la pasta y genuflexión para orar por que se repita muchas veces.

En esa edición, una vez más, se presentó la polémica de las nacionalidades porque existe la posibilidad —alta— de que incluso alguien no nacido en España o, más aún, sin la nacionalidad española resultara... Campeón de España. Tan alta es esa posibilidad que ya se ha dado el caso, varias veces. Es interesante tener un campeón nacional made in otro lado. 

En estos momentos en los que parece que tenemos algunos faros morales que quieren orientar en alguna dirección específica nuestras opiniones libres precisamente para que dejen de serlo, o que hay temas que políticamente deben tratarse de manera correcta, justo esta espina está bien clavada y parece que hablar de ello es situarse en algún extremo. O, peor aún, si uno no se decantara podría ser acusado de bastardo equidistante. ¿Y si existiera la posibilidad de analizar el asunto tranquilamente?

Hace un tiempo leí una frase de Paul Auster que, para mí, da en la diana:

«El fútbol es un milagro que permitió a Europa odiarse sin destruirse».

En un mundo globalizado que no deja indiferente a nadie el deporte es probablemente uno de los últimos reductos que nos quedan para defender simbólicamente a «nuestra gente» de los «enemigos» llevando orgullosos nuestra bandera y nuestros signos, haciéndolos prevalecer sobre los de los demás, y demostrando que dejamos todo en el campo de batalla, batiendo al enemigo o siendo estoicamente sometido por el vil invasor. Y después de eso, cuando se disipa el humo de los fuegos, unas buenas cervezas con los adversarios en el tercer tiempo intercambiando camisetas, anécdotas y otras mentiras, cuentas de Instagram y demás. Yo no veo ninguna razón de peso para alterar esto. Pero lo estamos haciendo.

Cuando yo me mudé de Argentina a España y poco tiempo después comencé a trabajar en la Federación Española lógicamente lo primero que tuve que hacer fue estudiar el terreno. Y eso incluye absolutamente todo lo concerniente al deporte en general y al pádel en particular. Todo. Porque el CV que yo traía, en todo caso, me sirvió para que me ofrecieran el trabajo. No me aseguraba hacerlo bien. Y les voy a dar un ejemplo contundente relacionado con el Campeonato de España, precisamente. Por aquel entonces me desayuné con la novedad de que un torneo no es lo mismo que un campeonato. Y eso que yo había jugado cientos de torneos.

En Argentina no existen los campeonatos como en España. Y menos en el pádel. En Argentina se hacen torneos, o como se les quiera llamar. Y en España se hacen campeonatos y también se hacen torneos (o como se les quiera llamar). La diferencia es muy clara en el deporte español pero ignorada por la gente del pádel en Argentina (y quizás en otros países). ¿Y cuál es esa diferencia? Que los campeonatos españoles tienen unas características muy particulares porque fueron concebidos justamente para cumplir con unos objetivos específicos. Una de esas características únicas es que se celebra solamente una vez al año. Derivada de ésta, tienen el objetivo de otorgar a alguien el título de Campeón de España de ese año en particular. Y ese título tiene ventajas muy buenas para los deportistas españoles: becas, subvenciones, la consideración de Deportistas de Alto Nivel —de alcance nacional—o de Alto Rendimiento —de alcance autonómico—, facilidades en las plazas de acceso a estudios o funcionariado, según los casos. No es poco. Ahora bien, supongan que ese aspirante se topa en su camino a la gloria con el mejor del mundo en su deporte, que vive en España disfrutando de todos los derechos que le otorga, por ejemplo, su nacionalidad italiana, o su residencia legal en España, sencillamente. Y además están los nacionalizados españoles (con doble nacionalidad), faltaría más, que en algún caso semanas después de aprovechar su nacionalidad española cambian de rol y juegan en contra de España en una competición internacional. Sí, se puede hacer eso.

El Reglamento de la Federación Internacional establece claramente que un deportista no puede representar a dos países diferentes en competiciones sucesivas. Ante un posible cambio de nacionalidad, deberá esperar un periodo mínimo de equis años entre las competiciones en las que fuera a vestir diferentes equipaciones. Como en cualquier deporte, más o menos. Y esto es así y creo que está bien porque es normal en este mundo nacer y amar una nacionalidad pero a lo largo de la vida mudarse y abrazar también con el mismo cariño a otro país y otra nacionalidad. Pero claro, esas competiciones que menciona el reglamento para condicionar la camiseta que uno se ponga deben ser internacionales (Mundiales, Europeos, etc.). El Reglamento no incluye en los supuestos una competición interna de un miembro asociado, como el Campeonato de España en este caso. Antes sí lo mencionaba. Pero es que el Campeonato de España es una competición, como dije, con un fundamento restrictivo en cuanto a nacionalidades porque busca coronar al mejor español, y no al mejor de los que viven legalmente en España. Dirá alguien: «¡Pero qué barbaridad! Afirmar eso es xenofobia». «¡Pero qué pelotudez!», contestaré yo. «Pelotudo vos», dirá otro, y así siguiendo. Por eso digo que es mejor analizar. Sin calentarnos.

Nací en Argentina y por mis ancestros tengo doble nacionalidad. Conozco y aprovecho las ventajas que esto conlleva y como decidí vivir en España —y tengo espíritu de deportista— acepto todas las normas y las respeto. Pero aprendí a distinguir entre los derechos civiles que me asisten derivados del convenio de nacionalidades (mis antepasados españoles en su momento también se beneficiaron en Argentina) y aquello que va en contra de mis principios y de mi sentido común. Sinceramente no veo discriminación alguna si, por ejemplo, un italiano residente en España —y viceversa— no puede jugar una única competición en todo un año porque esa competición tiene una tradición, una filosofía detrás. Y además unos objetivos administrativos incluso. Podrá jugar TODO lo demás que se le ofrezca, que es mucho y muy variado. La discriminación por nacionalidad es primordial en el deporte y convertir algunas de esas pocas competiciones en open no creo que tenga sentido. Sería absurdo, ilegal, inmoral, etcétera prohibir que cualquier jugador legalmente apto pueda competir en cualquier torneo normal por cuestiones de nacionalidad, o por lo que sea. Pero es que el Campeonato de España no es una competición normal, insisto. Por definición, no es para cualquiera.

Si alguien dijera que el sistema de competiciones en España es muy restrictivo, incluso excesivamente conservador, entonces sería cuestionable y por lo tanto indefendible para mí. Pero hay torneos para tirar al aire en los que cualquiera puede jugar. Menos uno.

En otros deportes a este problema del Campeonato de España lo han medio solucionado dejando participar a todo el mundo pero colgándole la medalla al primero de los españoles que cruce la meta. Y algún iluminado creyó que era la solución perfecta incluso para deportes de simple eliminación como el nuestro, donde a la meta llega sólo una pareja. No es lo mismo que te toque el cuco en primera ronda que en semis, ¿no? ¿Y a quién le colgamos la medalla entonces, al que ya no tiene ni cabeza ni cuello donde colgarla o al que tuvo suerte en el sorteo?

Yo creo que el problema es que el pádel profesional sigue enfrascado en España. Cuando se internacionalice más, y en eso está el pádel, pasarán dos cosas. En primer lugar, habrá menos trotamundos padelistas radicados en países «ajenos». No se solucionará el problema, pero se atenuará. Y en segundo lugar, muchos de los países representados en la Asamblea de la FIP tendrán algún problema similar y le verán las orejas al lobo. Será entonces cuando los herederos de aquellos genios que en 2014 tumbaron la solución más plausible la reincorporen a la Normativa. En aquella asamblea durante el Mundial de 2014 se eliminó de la Normativa FIP —por abrumadora mayoría en contra de España— un artículo que ampliaba la opción de nacionalidad a los campeonatos nacionales de los miembros asociados. Es decir, que obligaba a cualquier deportista con la ventaja de la doble nacionalidad a escoger libremente la que quisiera, pero sólo una de ellas, con la condición de mantenerla después tanto en los Mundiales o Europeos —igual que ahora— como en las pruebas únicas nacionales, o sea en los campeonatos. ¿Tan vejatorio era esto que quitaron? Yo recalcularía, como hace el GPS. 

Hay quienes sostienen que hacer los Campeonatos de España abiertos es necesario porque los profesionales viven de eso y les estaríamos coartando sus posibilidades de trabajo, algo en lo que lógicamente la legislación los ampara. Y este es quizás el argumento de mayor peso a favor de hacerlo. De hecho yo no veo ningún otro, la verdad. Y acá es donde hay que ponerse a hilar fino y, con paciencia y con saliva, ir desgranando el asunto en cada uno de sus matrices y argumentar a favor y en contra, porque hay para todos los gustos.

Mi opinión es que el Campeonato de España open o Campeonato de Spain, así como está ahora, no tiene sentido. Al menos no el que siempre tuvo. Habría que olvidarse de él y transformarlo en un torneo más quizás, o… seguir analizando en busca de alternativas. Pero me parece que mientras lo relacionemos con un tema ideológico —desde la esquina que sea— y no meramente deportivo, estaremos orinando fuera.

Se gana mucho conservando y promoviendo los campeonatos nacionales en los diferentes países y se gana muy poco convirtiéndolos en torneos abiertos.

Tengo doble nacionalidad y soy calvo. Pero sé perfectamente en los equipos en los que debería jugar (si me llamaran, claro).

M.E.